| No
consigo entenderlo. Se hacen carísimos supermontajes
musicales recordando la música de QUEEN.
Se empapelan las ciudades anunciando sobre los escenarios
la recreación del reinado de ABBA, Nina OT
a la cabeza. La mismísima Pepsi Cola abre
sin pudor el grifo de la pasta para promocionar
un musical que reconstruye los temas más
¿emblemáticos? de los carismáticos
Mecano. Y no pasa nada. Es normal. Todos sonríen,
esta mirada por el rabillo del ojo se considera
lo más moderno, y Madrid es el Broadway español.
¡Aleluya, el Musical, con mayúsculas,
vuelve a estar de moda!
Ahora
bien, si lo que se trata de reconstruir es un montaje
clásico relacionado con el rock progresivo,
y no algo baladí, sino un clásico
que durante 3 años llenó sin paliativos
recintos de medio mundo, la cosa da un giro radical.
Los grandes medios de comunicación no sólo
no apoyan la iniciativa sino que se molestan en
encargar a sus plumas más descerebradas e
incompetentes que despellejen sin piedad.
¿Por
qué?¿Qué hemos hecho los que
disfrutamos con la complejidad del progresivo?¿Por
qué tanta inquina?
Este
panorama que tan melodramáticamente describo
es el que se ha dibujado recientemente en Madrid
cuando los canadienses THE MUSICAL BOX se han "atrevido"
a presentarnos en directo el montaje de "The
Lamb lies down on Broadway", en el que reproducen
con fidelidad casi obsesiva los conciertos con que
los míticos Genesis de Peter Gabriel recorrieron
el mundo tras la aparición de su doble trabajo
conceptual. El concierto resultó una maravilla
para los casi 1.100 "pirados" que asistimos.
Pero desde luego no debió parecerle lo mismo
a un par de ¿críticos? que, por obligación
profesional, tuvieron la desgracia de tener que
asistir a cubrir ese evento ¿no podrían
haberles mandado a cubrir el partido del Real Madrid
que se jugaba a la misma hora a escasos metros del
Palacio de Congresos, donde los "raros"
disfrutábamos del concierto?
JESÚS
LLAMAS nos muestra algunas críticas aparecidas
en los medios al día siguiente del concierto,
y comenta con acierto las incoherencias que se ven
en ellas, demostrando de forma física y palpable
que cada vez que en la prensa no especializada se
trata el tema del rock progresivo se cae en los
mismos lugares comunes de siempre. El artículo
aparecido en prensa se muestra en primer lugar,
y cuando la ocasión lo requiere, el comentario
aparece a continuación en negrita.
LA
CARA <B> DE GENESIS. Se
va a ver este espectáculo con algo de recelo.
La clonación de las composiciones y del ideario
escenográfico de una banda que, como Genesis,
reinó (¿?) hace treinta
años, plantean una duda más que razonable.
Lo peor es que se sale del concierto con la certeza
de que lo que se había barruntado, se confirma.
Cabía esperar algo mejor de esta función
por la leyenda que se forjó el material musical
que la inspira. «The lamp lies down on Broadway»
(The lamp, sí, claro, the lamp será)
es, probablemente, el disco más importante
que jamás publicó Genesis; una obra
conceptual en extremo ambiciosa, tras cuya gira
de conciertos, por si esto fuera poco, Peter Gabriel
abandonó el grupo, propiciando que éste
iniciase una nueva etapa repleta de éxitos
comerciales.
Hasta aquí,
todo admisible y correcto (al margen de "lamp
" y del reinado). Pero amigos, a partir de
aquí el comentarista imparte una lección
de incoherencias y desconocimiento.
Treinta
años después, Musical Box —una formación
creo que canadiense (efectivamente, canadienses
son)— han recreado el espectáculo
de entonces, con ayuda de una tecnología
claramente mejorada, aunque tampoco haya nada que
yo viera que fuese especialmente innovador. (¿por
qué dice este pollo que es una tecnología
mejorada?. Si recrean un espectáculo de hace
30 años no es sorprendente que no viese nada
innovador). Una pantalla en forma de tríptico
sobre la que se proyectan diapositivas, preside
un escenario bastante austero sobre el que trabajan
los músicos. Y no es precisamente gran cosa
comprobar cómo éstos se saben al dedillo
las intervenciones originales. Está en los
manuales y en las partituras. (seré
malhablado: tócalo tú, no te jode).
Y en los vídeos también. (¿qué
videos? No hay ninguna grabación oficial
de ellos de esa época) Todo queda
bajo el control del cantante, un tipo que se disfraza
en ocasiones, posa más rígido que
Frankenstein y brama sus cosas con un timbre idéntico
al de Gabriel. Hay tanta espontaneidad, sin embargo,
en él y en todos sus acompañantes,
como en los preparativos de una boda real. (sin
comentarios)
El
espectáculo toca techo por la condición
de aficionados (¡aficionados! Llevan
11 años recreando a Genesis) que
tienen los protagonistas. De tan implacable juicio,
apenas se salva el baterista. Desde la distancia,
guarda un parecido notable con Phil Collins (con
Phil Collins cuando se quedó calvo, en la
época todavía lucía melena)
y es el único que consigue un rendimiento
aceptable en su labor de defender, en última
instancia, una sección rítmica a la
que, durante todo el concierto, ocultó un
sonido verdaderamente enemigo. Quienes vieran esta
función en la temporada del 75, en el antiguo
Pabellón de Deportes del Real Madrid, sin
los actuales aditamentos visuales, (pues
seguramente no podían ver nada, ya que era
parte integrante del espectáculo)
pudieron comprobar que, de no haber acudido a la
cita, no se hubiesen perdido nada. Una vez más,
un ejercicio de nostalgia queda lastrado por los
tópicos, sin ideas ni norte que le libren
de la rutina.
Lo
que queda lastrado por los tópicos es esta
crítica. Este señor parte de un error
de concepto: este espectáculo consiste en
una recreación de las actuaciones que Genesis
daban por la época. Podría ser equivalente
a cuando algún grupo de música clásica
ejecuta piezas de época con instrumentos
originales.
El
montaje es idéntico empezando por el soporte
audiovisual, con las diapositivas originales, los
instrumentos de época, los disfraces y las
interpretaciones, muy similares a las que Peter
Gabriel hacía por la época. No entiendo
la actitud de este señor: admito que diga
que el espectáculo original era una basura
(no podría decirlo ya que no lo conocía)
ergo que también lo es éste, ya que
es clavado al original. También admito que
le parezca mal que se recree sin más algo
ya hecho, que es lo que parece que se deduce de
su escrito. Lo que sí pediría es que
lo explicitase. La música de Genesis no es
de las más fáciles de interpretar
y esta gente clava la ejecución de las piezas,
algo que este señor considera irrelevante.
Vamos a ver, la música de todos los clásicos
está en partituras y nadie considera una
ejecución precisa como un demérito.
Quienes vieron este espectáculo en 1975 y
acudieron a este concierto opinarán que la
reproducción era extraordinariamente fiel,
que era lo que esperaban y lo que claramente vendía
la banda. Nadie debe llamarse a engaño y
nadie resultó engañado. Al fin y al
cabo volver a presenciar un espectáculo después
de ¡30 años! no debería asombrar
a nadie. Salvo claro está a la preclara sesera
de este crítico. La frase final de la crítica
es digna de figurar en la antología de los
tópicos de la crítica musical. Ojalá
espectáculos como este fuesen rutinas. Tengo
que acabar lamentando que a este señor le
manden, en el ejercicio de su profesión,
a ver cosas que no le gustan ni está preparado
para apreciar. Algo así como si a mí
me mandasen a criticar un partido de fútbol
y empezase a despotricar porque no utilizan las
manos para jugar ....
Otra
crítica más documentada, al menos.
Durante el primer trimestre de 1975, mientras en
España conseguía estrenarse, no sin
polémica y con un retraso de tres años,
la versión cinematográfica de 'Jesuschrist
Superstar', el resto del orbe, incluido Portugal,
tenía oportunidad de contemplar en vivo otro
'musical rock' (como entonces se denominaba a estos
eventos) también llamado a amasar historia.
Genesis, buque insignia del rock sinfónico
británico, llevaba a los escenarios su séptimo
álbum, el doble elepé conceptual 'The
Lamb Lies Down In Broadway'.
Peripatética,
ampulosa y confusa, la andanza existencial del cariacontecido
Rael y el enigmático cordero que surge del
vaho urbano para recostarse en las neoyorquinas
aceras de Broadway fue objeto de 102 representaciones.
De éstas sobrevivieron sólo pequeños
fragmentos de vídeos caseros realizados 'in
situ' por aficionados, lo cual explica que hasta
la fecha no haya aparecido ninguna versión
del espectáculo que consagró a la
banda de Peter Gabriel.
Puso broche, además,
a un capítulo en la historia de Genesis:
al finalizar la gira, el cantante y padre del críptico
lechal (como el obelisco de Kubrick en '2001, Una
odisea en el espacio', nadie sabe a ciencia cierta
qué simboliza) abandonaría inopinadamente
el grupo para emprender su exitosa carrera en solitario.
Tres décadas
después, llega a nuestro país una
versión virtual de 'The Lamb Lies Down In
Broadway,' de la mano de The Musical Box, restauradores
especializados en el legado dejado por Genesis junto
a Gabriel. Desde 1993, este quinteto francés
(del mismo Canadá, que está
a las afueras de Paris como todo el mundo sabe)
trasunta los conciertos con los que, entre 1972
y 1975, Genesis escenificaron álbumes como
'Foxtrot', 'Selling England By The Pound' y 'The
Lamb', espectáculos multimedia que redefinirían
las representaciones rock tal como hasta la fecha
se conocían.
Cuenta The Musical
Box con la bendición legal de los autores
(Gabriel y Mike Rutherford han presenciado la resurrección
en varias ocasiones y Anthony Banks se les unió
en el escenario del Royal Albert Hall) y el soporte
logístico de una nutrida organización
compuesta por una veintena de miembros -sin contar
a los músicos-, coordinada por el bajista
Sébastien Lamothe. La clonación es
absoluta.
Desde instrumentos
hasta efectos especiales, iluminación y escenografía,
todo ha sido duplicado a escala real, incluidos
los complejos disfraces empleados por Gabriel y
las más de mil diapositivas con que se ilustraba
la escenificación, estas últimas pertenecientes
a los archivos personales de Genesis.
Basada en filmaciones
'amateurs', consultas en hemerotecas y entrevistas
con testigos presenciales, la reconstrucción
se presume tecnológicamente mejorada y obsesivamente
fidedigna. Después de recorrer con éxito
Estados Unidos y el Reino Unido, llega por primera
vez a Europa con incógnita bajo el brazo.
Porque, si bien Genesis fueron en su día
tan populares como pudieran serlo Supertramp o Peter
Frampton (lo que significa que casi todo el mundo
poseía uno de sus discos y que casi todos
ellos acabarían en el mercado de segunda
mano cuando dejaron de estar de moda), el olor a
sinfónico lleva años proscrito de
la actualidad posmoderna.
Hasta aquí
nada que objetar, al menos este señor se
ha documentado, al margen de meter en el mismo saco
a Peter Frampton y a Genesis, pero aún así
eso no me parece demasiado grave.
No por ello deja
de tener sus seguidores un género que cerró
aciagamente la evolución del rock iniciada
por la psicodelia, desarrollada por el progresismo
y malograda por el sinfonismo, ejemplo por antonomasia
de todos los males de los que, teóricamente,
vino el punk a librar al mundo.
Esto es
una de las más grandes cumbres del topicazo.
Pediría que me explicase que es eso del progresismo
y del sinfonismo...
Genesis y 'The Lamb...'
eran la prueba gráfica de la aparatosidad
y artificio con que se revistió al rock oficial
de finales de los 70, vacío de otra sustancia
que no fuera el exceso. Apenas un año y medio
después de la publicación de 'The
Lamb...', Genesis se convirtieron en unos apestados
para la 'intelligentzia' rock, pese al éxito
comercial que conocerían bajo el liderazgo
de Phil Collins.
Uno: 1974
fecha de edición del disco no es precisamente
finales de los 70. Dos: si usted es un fundamentalista
del rock que piensa que más allá de
los tres acordes y de las dos guitarras, todo es
excesivo, pues vale, no pasa nada, limítese
a describir como ha hecho hasta este punto. De todas
formas me da la impresión que este señor
se limita a exponer los tópicos que ha leído
sin hacerlos suyos . Algo es algo.
Los curiosos podrán
extraer sus propias conclusiones en las tres fechas
españolas de la gira con que se celebra el
trigésimo aniversario del disco. Los responsables
originales del asunto están encantados ante
esta nueva inyección de derechos a recaudar.
Quién sabe si el márketing no habrá
encontrado otra herramienta de reciclaje que sumar
a las distintas reediciones, antologías y
formateados con que el 'lobby' discográfico
dilata el usufructo de sus plusvalías de
catálogo. Puede que, dentro de nada, todos
los álbumes conceptuales clásicos
del rock cuenten con su propia banda de versiones
autorizada. ¿Quién será el
próximo, The Who y 'Tommy', David Bowie y
'Ziggy Stardust', Pink Floyd y 'The Wall'?
Vaya, vaya,
una idea original, al fin. Pues no es ninguna tontería,
montando espectáculos con el nivel de calidad
del de Musical Box no se engañaría
a nadie. De hecho ya existen algunos de ellos. Ahora
bien, que yo sepa las discográficas no ganan
excesivo dinero por los derechos de las actuaciones
en directo, ganan mucho más por la venta
de discos, cosa que esta gente no hace. O por las
ediciones de viejos conciertos en DVD con variopinta
calidad de sonido e imagen.
La
crítica más acertada del concierto
me parece la de El País con la idea
central: "como Genesis pero no son Genesis".
Eso a pesar de la descripción que hacían
el martes de "The Lamb..." como
una veintena de temas de largos desarrollos... ¿a
qué llamarán estos "largos desarrollos"?
¿a canciones de más de 5 minutos?
Otra
perla cultivada es la crítica que hacían
en El país de las Tentaciones del
último disco de Rick Wakeman. Le
ponían un 2 sobre 10 y se felicitaban de
que ya no se sacasen discos de ese estilo.
Esto
es lo que hay. No quiero ni pensar que dirán
estos señores cuando el próximo 4
de junio, casi un mes después de la fecha
en que The Musical Box "castigó nuestros
oídos", Fish recrée en Barcelona
su Misplaced Chilhood, sin duda otra "cumbre
del exceso", en este caso perpetrada por otros
enviados de Belcebú para acabar con el rock
¿o era el Altísimo el que históricamente
quería quemar a todos los rockeros demoníacos
y envió a los angelicales Marillion a acabar
con esta música maldita? Al menos en esta
ocasión será el propio Fish, el original,
el encargado de defender su obra, y no unos "aficionados".
Puede que por ahí nos salvemos. En fin, paciencia
y buen humor. Para olvidarme, este sábado
me iré de musicales a la Gran Vía.
No sé qué me atrae más, si
la futurista "Cabaret", o la vanguardista
"El fantasma de la Ópera". ¡Cuánto
progresismo! (no confundir con progresivo)
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