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¿Por qué tanta inquina?

Colección de tópicos gratuitos contra el rock progresivo
(aparecidos en los medios de comunicación)

 

Jesús Llamas
(Introducción y Final Francisco J. López)


Mayo 2005

    

No consigo entenderlo. Se hacen carísimos supermontajes musicales recordando la música de QUEEN. Se empapelan las ciudades anunciando sobre los escenarios la recreación del reinado de ABBA, Nina OT a la cabeza. La mismísima Pepsi Cola abre sin pudor el grifo de la pasta para promocionar un musical que reconstruye los temas más ¿emblemáticos? de los carismáticos Mecano. Y no pasa nada. Es normal. Todos sonríen, esta mirada por el rabillo del ojo se considera lo más moderno, y Madrid es el Broadway español. ¡Aleluya, el Musical, con mayúsculas, vuelve a estar de moda!

Ahora bien, si lo que se trata de reconstruir es un montaje clásico relacionado con el rock progresivo, y no algo baladí, sino un clásico que durante 3 años llenó sin paliativos recintos de medio mundo, la cosa da un giro radical. Los grandes medios de comunicación no sólo no apoyan la iniciativa sino que se molestan en encargar a sus plumas más descerebradas e incompetentes que despellejen sin piedad.

¿Por qué?¿Qué hemos hecho los que disfrutamos con la complejidad del progresivo?¿Por qué tanta inquina?

Este panorama que tan melodramáticamente describo es el que se ha dibujado recientemente en Madrid cuando los canadienses THE MUSICAL BOX se han "atrevido" a presentarnos en directo el montaje de "The Lamb lies down on Broadway", en el que reproducen con fidelidad casi obsesiva los conciertos con que los míticos Genesis de Peter Gabriel recorrieron el mundo tras la aparición de su doble trabajo conceptual. El concierto resultó una maravilla para los casi 1.100 "pirados" que asistimos. Pero desde luego no debió parecerle lo mismo a un par de ¿críticos? que, por obligación profesional, tuvieron la desgracia de tener que asistir a cubrir ese evento ¿no podrían haberles mandado a cubrir el partido del Real Madrid que se jugaba a la misma hora a escasos metros del Palacio de Congresos, donde los "raros" disfrutábamos del concierto?

JESÚS LLAMAS nos muestra algunas críticas aparecidas en los medios al día siguiente del concierto, y comenta con acierto las incoherencias que se ven en ellas, demostrando de forma física y palpable que cada vez que en la prensa no especializada se trata el tema del rock progresivo se cae en los mismos lugares comunes de siempre. El artículo aparecido en prensa se muestra en primer lugar, y cuando la ocasión lo requiere, el comentario aparece a continuación en negrita.

 

LA CARA <B> DE GENESIS. Se va a ver este espectáculo con algo de recelo. La clonación de las composiciones y del ideario escenográfico de una banda que, como Genesis, reinó (¿?) hace treinta años, plantean una duda más que razonable. Lo peor es que se sale del concierto con la certeza de que lo que se había barruntado, se confirma. Cabía esperar algo mejor de esta función por la leyenda que se forjó el material musical que la inspira. «The lamp lies down on Broadway» (The lamp, sí, claro, the lamp será) es, probablemente, el disco más importante que jamás publicó Genesis; una obra conceptual en extremo ambiciosa, tras cuya gira de conciertos, por si esto fuera poco, Peter Gabriel abandonó el grupo, propiciando que éste iniciase una nueva etapa repleta de éxitos comerciales.

Hasta aquí, todo admisible y correcto (al margen de "lamp " y del reinado). Pero amigos, a partir de aquí el comentarista imparte una lección de incoherencias y desconocimiento.

Treinta años después, Musical Box —una formación creo que canadiense (efectivamente, canadienses son)— han recreado el espectáculo de entonces, con ayuda de una tecnología claramente mejorada, aunque tampoco haya nada que yo viera que fuese especialmente innovador. (¿por qué dice este pollo que es una tecnología mejorada?. Si recrean un espectáculo de hace 30 años no es sorprendente que no viese nada innovador). Una pantalla en forma de tríptico sobre la que se proyectan diapositivas, preside un escenario bastante austero sobre el que trabajan los músicos. Y no es precisamente gran cosa comprobar cómo éstos se saben al dedillo las intervenciones originales. Está en los manuales y en las partituras. (seré malhablado: tócalo tú, no te jode). Y en los vídeos también. (¿qué videos? No hay ninguna grabación oficial de ellos de esa época) Todo queda bajo el control del cantante, un tipo que se disfraza en ocasiones, posa más rígido que Frankenstein y brama sus cosas con un timbre idéntico al de Gabriel. Hay tanta espontaneidad, sin embargo, en él y en todos sus acompañantes, como en los preparativos de una boda real. (sin comentarios)

El espectáculo toca techo por la condición de aficionados (¡aficionados! Llevan 11 años recreando a Genesis) que tienen los protagonistas. De tan implacable juicio, apenas se salva el baterista. Desde la distancia, guarda un parecido notable con Phil Collins (con Phil Collins cuando se quedó calvo, en la época todavía lucía melena) y es el único que consigue un rendimiento aceptable en su labor de defender, en última instancia, una sección rítmica a la que, durante todo el concierto, ocultó un sonido verdaderamente enemigo. Quienes vieran esta función en la temporada del 75, en el antiguo Pabellón de Deportes del Real Madrid, sin los actuales aditamentos visuales, (pues seguramente no podían ver nada, ya que era parte integrante del espectáculo) pudieron comprobar que, de no haber acudido a la cita, no se hubiesen perdido nada. Una vez más, un ejercicio de nostalgia queda lastrado por los tópicos, sin ideas ni norte que le libren de la rutina.

Lo que queda lastrado por los tópicos es esta crítica. Este señor parte de un error de concepto: este espectáculo consiste en una recreación de las actuaciones que Genesis daban por la época. Podría ser equivalente a cuando algún grupo de música clásica ejecuta piezas de época con instrumentos originales.

El montaje es idéntico empezando por el soporte audiovisual, con las diapositivas originales, los instrumentos de época, los disfraces y las interpretaciones, muy similares a las que Peter Gabriel hacía por la época. No entiendo la actitud de este señor: admito que diga que el espectáculo original era una basura (no podría decirlo ya que no lo conocía) ergo que también lo es éste, ya que es clavado al original. También admito que le parezca mal que se recree sin más algo ya hecho, que es lo que parece que se deduce de su escrito. Lo que sí pediría es que lo explicitase. La música de Genesis no es de las más fáciles de interpretar y esta gente clava la ejecución de las piezas, algo que este señor considera irrelevante. Vamos a ver, la música de todos los clásicos está en partituras y nadie considera una ejecución precisa como un demérito. Quienes vieron este espectáculo en 1975 y acudieron a este concierto opinarán que la reproducción era extraordinariamente fiel, que era lo que esperaban y lo que claramente vendía la banda. Nadie debe llamarse a engaño y nadie resultó engañado. Al fin y al cabo volver a presenciar un espectáculo después de ¡30 años! no debería asombrar a nadie. Salvo claro está a la preclara sesera de este crítico. La frase final de la crítica es digna de figurar en la antología de los tópicos de la crítica musical. Ojalá espectáculos como este fuesen rutinas. Tengo que acabar lamentando que a este señor le manden, en el ejercicio de su profesión, a ver cosas que no le gustan ni está preparado para apreciar. Algo así como si a mí me mandasen a criticar un partido de fútbol y empezase a despotricar porque no utilizan las manos para jugar ....

 

 

Otra crítica más documentada, al menos. Durante el primer trimestre de 1975, mientras en España conseguía estrenarse, no sin polémica y con un retraso de tres años, la versión cinematográfica de 'Jesuschrist Superstar', el resto del orbe, incluido Portugal, tenía oportunidad de contemplar en vivo otro 'musical rock' (como entonces se denominaba a estos eventos) también llamado a amasar historia. Genesis, buque insignia del rock sinfónico británico, llevaba a los escenarios su séptimo álbum, el doble elepé conceptual 'The Lamb Lies Down In Broadway'.

Peripatética, ampulosa y confusa, la andanza existencial del cariacontecido Rael y el enigmático cordero que surge del vaho urbano para recostarse en las neoyorquinas aceras de Broadway fue objeto de 102 representaciones. De éstas sobrevivieron sólo pequeños fragmentos de vídeos caseros realizados 'in situ' por aficionados, lo cual explica que hasta la fecha no haya aparecido ninguna versión del espectáculo que consagró a la banda de Peter Gabriel.

Puso broche, además, a un capítulo en la historia de Genesis: al finalizar la gira, el cantante y padre del críptico lechal (como el obelisco de Kubrick en '2001, Una odisea en el espacio', nadie sabe a ciencia cierta qué simboliza) abandonaría inopinadamente el grupo para emprender su exitosa carrera en solitario.

Tres décadas después, llega a nuestro país una versión virtual de 'The Lamb Lies Down In Broadway,' de la mano de The Musical Box, restauradores especializados en el legado dejado por Genesis junto a Gabriel. Desde 1993, este quinteto francés (del mismo Canadá, que está a las afueras de Paris como todo el mundo sabe) trasunta los conciertos con los que, entre 1972 y 1975, Genesis escenificaron álbumes como 'Foxtrot', 'Selling England By The Pound' y 'The Lamb', espectáculos multimedia que redefinirían las representaciones rock tal como hasta la fecha se conocían.

Cuenta The Musical Box con la bendición legal de los autores (Gabriel y Mike Rutherford han presenciado la resurrección en varias ocasiones y Anthony Banks se les unió en el escenario del Royal Albert Hall) y el soporte logístico de una nutrida organización compuesta por una veintena de miembros -sin contar a los músicos-, coordinada por el bajista Sébastien Lamothe. La clonación es absoluta.

Desde instrumentos hasta efectos especiales, iluminación y escenografía, todo ha sido duplicado a escala real, incluidos los complejos disfraces empleados por Gabriel y las más de mil diapositivas con que se ilustraba la escenificación, estas últimas pertenecientes a los archivos personales de Genesis.

Basada en filmaciones 'amateurs', consultas en hemerotecas y entrevistas con testigos presenciales, la reconstrucción se presume tecnológicamente mejorada y obsesivamente fidedigna. Después de recorrer con éxito Estados Unidos y el Reino Unido, llega por primera vez a Europa con incógnita bajo el brazo. Porque, si bien Genesis fueron en su día tan populares como pudieran serlo Supertramp o Peter Frampton (lo que significa que casi todo el mundo poseía uno de sus discos y que casi todos ellos acabarían en el mercado de segunda mano cuando dejaron de estar de moda), el olor a sinfónico lleva años proscrito de la actualidad posmoderna.

Hasta aquí nada que objetar, al menos este señor se ha documentado, al margen de meter en el mismo saco a Peter Frampton y a Genesis, pero aún así eso no me parece demasiado grave.

No por ello deja de tener sus seguidores un género que cerró aciagamente la evolución del rock iniciada por la psicodelia, desarrollada por el progresismo y malograda por el sinfonismo, ejemplo por antonomasia de todos los males de los que, teóricamente, vino el punk a librar al mundo.

Esto es una de las más grandes cumbres del topicazo. Pediría que me explicase que es eso del progresismo y del sinfonismo...

Genesis y 'The Lamb...' eran la prueba gráfica de la aparatosidad y artificio con que se revistió al rock oficial de finales de los 70, vacío de otra sustancia que no fuera el exceso. Apenas un año y medio después de la publicación de 'The Lamb...', Genesis se convirtieron en unos apestados para la 'intelligentzia' rock, pese al éxito comercial que conocerían bajo el liderazgo de Phil Collins.

Uno: 1974 fecha de edición del disco no es precisamente finales de los 70. Dos: si usted es un fundamentalista del rock que piensa que más allá de los tres acordes y de las dos guitarras, todo es excesivo, pues vale, no pasa nada, limítese a describir como ha hecho hasta este punto. De todas formas me da la impresión que este señor se limita a exponer los tópicos que ha leído sin hacerlos suyos . Algo es algo.

Los curiosos podrán extraer sus propias conclusiones en las tres fechas españolas de la gira con que se celebra el trigésimo aniversario del disco. Los responsables originales del asunto están encantados ante esta nueva inyección de derechos a recaudar. Quién sabe si el márketing no habrá encontrado otra herramienta de reciclaje que sumar a las distintas reediciones, antologías y formateados con que el 'lobby' discográfico dilata el usufructo de sus plusvalías de catálogo. Puede que, dentro de nada, todos los álbumes conceptuales clásicos del rock cuenten con su propia banda de versiones autorizada. ¿Quién será el próximo, The Who y 'Tommy', David Bowie y 'Ziggy Stardust', Pink Floyd y 'The Wall'?

Vaya, vaya, una idea original, al fin. Pues no es ninguna tontería, montando espectáculos con el nivel de calidad del de Musical Box no se engañaría a nadie. De hecho ya existen algunos de ellos. Ahora bien, que yo sepa las discográficas no ganan excesivo dinero por los derechos de las actuaciones en directo, ganan mucho más por la venta de discos, cosa que esta gente no hace. O por las ediciones de viejos conciertos en DVD con variopinta calidad de sonido e imagen.

 

 

 

La crítica más acertada del concierto me parece la de El País con la idea central: "como Genesis pero no son Genesis". Eso a pesar de la descripción que hacían el martes de "The Lamb..." como una veintena de temas de largos desarrollos... ¿a qué llamarán estos "largos desarrollos"? ¿a canciones de más de 5 minutos?

Otra perla cultivada es la crítica que hacían en El país de las Tentaciones del último disco de Rick Wakeman. Le ponían un 2 sobre 10 y se felicitaban de que ya no se sacasen discos de ese estilo.

 

 

 

Esto es lo que hay. No quiero ni pensar que dirán estos señores cuando el próximo 4 de junio, casi un mes después de la fecha en que The Musical Box "castigó nuestros oídos", Fish recrée en Barcelona su Misplaced Chilhood, sin duda otra "cumbre del exceso", en este caso perpetrada por otros enviados de Belcebú para acabar con el rock ¿o era el Altísimo el que históricamente quería quemar a todos los rockeros demoníacos y envió a los angelicales Marillion a acabar con esta música maldita? Al menos en esta ocasión será el propio Fish, el original, el encargado de defender su obra, y no unos "aficionados". Puede que por ahí nos salvemos. En fin, paciencia y buen humor. Para olvidarme, este sábado me iré de musicales a la Gran Vía. No sé qué me atrae más, si la futurista "Cabaret", o la vanguardista "El fantasma de la Ópera". ¡Cuánto progresismo! (no confundir con progresivo)

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