|
|
Algo
tengo que agradecer a este programa y a Porcupine Tree:
el redescubrimiento de Anathema. Un ex-compañero
de trabajo, devoto del Heavy me pasó allá por
1995 una cinta con varios grupos de Death metal, entre los
que figuraba el que ahora nos ocupa junto con otros como Dark
Tranquility o In flames. La verdad es que no
me pareció nada del otro mundo, gruñidos y ruido
con ritmos más o menos acelerados. Anathema
no destacaba en la recopilación, lo mejor que tenía
la cinta era, a mi modesto entender, Dark tranquility,
con más melodía que el resto (¡¡lo
llaman death metal melódico!!) y la incorporación
de voces femeninas. Hasta que oí en el programa varias
canciones más recientes... Y estas son otra historia.
Cuando me enteré de que venían con Porcupine
Tree de gira me dediqué a oír este disco
y cambié totalmente mi opinión porque ellos
también han cambiado de una manera radical
En vez de evolucionar hacia el metal progresivo, una de las
posibles opciones, han pasado a ser creadores de atmósferas
en sus canciones. Y éstas (las atmósferas y
las canciones) son muy variadas: van de la obsesiva “Closer”
con un vocoder que recuerda tiempos pasados, a las etéreas
“Are you there”, “Flying”,
“Electricity” o la onírica “Chilhood
dream”.Tiene momentos más oscuros, el
toque gótico de “Pulled under at 2000
meters a second” donde se pueden rastrear sus
orígenes doom metal de mediados de los 90. También
está “A natural disaster”,
que coquetea con el jazz, y la que cierra el disco “Violence”
que comienza de lo más calmado para pasar
a una brutalidad metálica y acabar casi disolviéndose
en el aire. Para terminar de describir los temas,
“Harmonium” es un tenso crescendo que
va rellenando con pistas de guitarra el espacio sonoro que
ganan en intensidad sin acelerar en ningún momento
el ritmo. "Balance" sigue el mismo
esquema con otro inicio suave que va creciendo hasta desembocar,
tras un instante de calma aparente, en otro fragmento de crudeza
metálica. Vincent, el cantante, canta
con sentimiento y una amplitud de registros notable. Particularmente
me recuerda al cantante de Opeth Mikael Åkerfeldt.
El resto del grupo acompaña creando los ambientes con
gran eficacia. No esperéis oir los solos espectaculares
de Dream Theater ni los alardes de teclados de IQ
o Flower kings, por poner dos ejemplos, no está
ahí la fuerza de Anathema sino en
su habilidad para pintar paisajes sonoros. En resumen, un
gran disco, que una vez consigue captar tu atención,
se convierte en una obsesión de lo más gratificante. |
|