|
|
Producido
por Gonzalo Garcíapelayo, “Elixir”
fue el primer lanzamiento discográfico de esta singular
banda. Al año siguiente sacaron otro trabajo al mercado,
titulado “Azahar”. La formación
para esta ocasión estaba compuesta por Ricardo
“Dick” Zappala (voz, Solina y vasos de
agua); Antonio Valls (mandolina, guitarras
y vasos de agua); Gustavo Ros (teclados)
y Jorge “Flaco” Barral (bajo
y guitarras). Como se puede apreciar, no utilizaron batería
para esta grabación, pero tampoco se echa mucho a faltar
gracias a la maestría en el bajo de “Flaco”
Barral y a los colchones de teclados, omnipresentes en
todo el disco.
Aprecio
en Azahar una importante influencia árabe
y, más concretamente, marroquí, y ello por dos
aspectos: en primer lugar por su característico sonido,
que puede parecer entroncado con el rock andaluz de Alameda,
Triana y demás bandas de entonces, pero que
se distingue de ellas adoptando una personalidad propia y
diferente. Aunque pudiera parecer que era una típica
banda sureña, el grupo se formó en Madrid y
sus miembros procedían de lugares diversos (“Dick”
Zappala era de origen egipcio y “Flaco”
Barral, uruguayo). Y, en segundo lugar, su influencia
marroquí se aprecia en el humo a chocolate, costo o
cannabis que se respira en todo el trabajo desde que abres
la tapa del cd, así como en la letra de alguno de los
temas.
Alguna
vez leí por ahí que el momento más brillante
de cualquier país es el período de transición
de una dictadura a una democracia. Y, en el caso de España,
no puedo estar más de acuerdo. Aunque en el 77 yo era
un quinceañero, el recuerdo de aquellos años
me hace evocar momentos de gran movimiento social y cultural
y de estreno de muchas cosas y de apertura a muchas otras,
o al menos, así me lo pareció a mí por
aquél entonces. En ese ambiente de libertades recién
estrenadas es donde hay que situar a este grupo y a este trabajo,
que destila por los cuatro costados ese desparpajo libertario
propio de aquellos tiempos.
En
“Elixir” hay temas instrumentales
y descriptivos, como el que abre el disco, “Campos
de azahar” o, el que lo cierra, más
descriptivo todavía, como su título indica,
“Colgados de la rama gorda”;
también hay un alegato en defensa del consumo de lo
que ellos llaman “humo de reír” en
el tema “¡Qué malo hay, señor
juez!”, donde la voz de “Dick”
Zappala se distorsiona con un efecto elástico;
o el inspirado “Un hombre cansado”,
pleno de sonidos psicodélicos y magníficos y
sencillos desarrollos y hermosa letra.
Un
disco, en definitiva, muy experimental y arriesgado, pero
a la vez de una escucha muy agradecida, si bien tras repetidas
audiciones puede resultar un poco pesado por el hecho de haber
sido grabado sin batería.
Puntuación
- más que bien
|
|