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Nos
confesamos devotos seguidores del rock clásico, preciosista,
de tiempos marcados y bellas melodías. Pero reconocemos
que eso es cómodo y fácil. Por eso a veces el
cuerpo pide más. Gusta de complicarse la vida y de
buscar cosas que le hagan sentir incómodo, que le obliguen
a estirar los músculos, a intentar tocar la punta del
pie con los dedos de la mano sin doblar las rodillas.
Pues
sabed que para eso no hay cosa mejor que escuchar a esta peculiar
formación mejicana, CABEZAS DE CERA, cuya seña
de identidad consiste en ir de un punto a otro sin seguir
la línea recta. Su propia historia da medida de lo
sinuoso de sus vericuetos. En 6 años de trayectoria,
el trío que son ahora ha llegado a ser hasta octeto.
La formación la componen Ramsés Luna,
al saxo, flauta, clarinete, didgeridoo o lo que se os ocurra
que se pueda soplar, Mauricio Sotelo, que domina las
cuerdas -la guitarra y el stick suenan de maravilla- y Francisco
Sotelo, cuyo fuerte es la percusión.
Su
primer trabajo editado, llamado como ellos, ha pasado a no
ser el último, relegado por este que presentamos, que,
curiosamente, se llama "... un segundo",
habilidoso juego de palabras que seguramente haga referencia
a que es su segundo trabajo, pero también a que este
fascinante paseo por el borde del abismo se te pasa en ese
tiempo, en un segundo. Su
música es complicada, nada complaciente. Inclasificable
e indefinida -progresiva por definición- se mueve por
estilos muy contrapuestos que ahora intentaremos ir descubriendo.
De todas formas, si queréis entender mejor qué
es CDC, os recomendamos que leáis la presentación
que aparece en su página oficial (sólo tenéis
que pinchar en la portada del disco). Después de eso,
si os atrevéis, escuchad cualquiera de sus dos discos.
Unos
interludios hablados de apariencia espontánea, que
comienzan en una figurada parada de autobús, nos sirven
de nexo de unión entre los temas, asemejando la escucha
a un viaje incierto y sorpresivo. Y es que en realidad es
una sorpresa continua. Hay temas desquiciantes a veces, evocadores
otras, incluso rayantes y enfermizos, pero siempre hechizantes.
No puedes parar de oír. Necesitas saber qué
va a ser lo siguiente.
En
temas como "Cósmica" los conceptos
progresivos se fusionan con fondos dance y electrónicos.
Y avanzando en el paseo imaginario vemos como también
conviven felizmente el electrizante ejercicio rítmico
de "In Statu" con la obsesiva improvisación
de Elementos o Escapista o con los aires moriscos
de "Mil noches". Y para terminar de descolocarte,
la última estación está decorada de música
tradicional mejicana en "Retorno", un bálsamo
final, como el masaje relajante tras el traqueteo del viaje.
En
definitiva un trabajo inclasificable, lleno de contrastes,
sorprendente, y desde luego muy recomendable, que produce
inquietud y desazón. Sin duda está hecho para
provocar. Un excelente disco de experimentación con
gusto que no debemos pasar por alto y que nos muestra una
vez más la buena salud creativa del continente hermano.
Puntuación
- 8,5 |
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