Nueva Selección
Daniel Vega - La noche que precede a la batalla
ON A ISLAND  
DAVID GILMOUR  
2006  
  DISCO DEL MES (Abril 06)  
   
Dead Soul Tribe - The january Tree
     


Ante todo, quiero señalar que el que espere leer aquí una reseña objetiva sobre este disco puede ir abandonando toda esperanza. Desengañémonos, ningún crítico es realmente objetivo nunca, pero esta vez debo hacer hincapié en ello, porque en este caso, mi capacidad para ser imparcial es nula. Me he criado escuchando la música de Pink Floyd y sus cinco componentes, he crecido con ella y con ellos, y aunque no sienta una pasión totalmente ciega por todo lo que han hecho y dicho en sus ya cuarenta años de carrera, no puedo negar que David, Richard, Nick, Roger y Syd, todos y cada uno de ellos, cuentan con todas mis simpatías. Ni puedo ni quiero evitarlo.

Hecha esta declaración de principios (ó de falta de principios), comenzaré diciendo, por evidente que sea, que nadie debe engañarse y buscar en “On An Island” un disco de Pink Floyd, porque no estamos ante un disco de esta banda, sino ante un disco de David Gilmour. Por supuesto que a lo largo de todos sus temas se nota la marca propia de la casa, las voces, el ritmo, los giros, los teclados y, por supuesto, la mil veces imitada y sin embargo inimitable guitarra de Gilmour.

El pasado 6 de marzo, con motivo del sesenta cumpleaños del guitarrista, salió a la venta este disco, su tercer trabajo en solitario (los dos anteriores son “David Gilmour” -1978- y “About Face” -1983-) y el primero que graba en estudio desde el ya lejano “The Division Bell” -1994- de Pink Floyd. Desde entonces, Gilmour nunca ha estado realmente inactivo, ha colaborado en discos de otros músicos, ha actuado puntualmente en festivales y homenajes, en el año 2002 realizó varios conciertos semi-acústicos (que quedaron brillantemente plasmados en el dvd “David Gilmour in Concert”), y en el verano de 2005, con motivo del Live 8, volvió a reunirse momentáneamente con sus tres compañeros de Pink Floyd (Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason), dando muestra de la buena forma de la banda, incluso después de más de veinte años sin actuar los cuatro juntos.

Pero volviendo al objeto de esta reseña, diremos que el album contiene los siguientes diez temas, que luego revisaremos con algo más de detalle:

01. Castellorizon 3:54
02. On An Island 6:47
03. The Blue 5:26
04. Take A Breath 5:46
05. Red Sky At Night 2:51
06. This Heaven 4:25
07. Then I Close My Eyes 5:27
08. Smile 4:04
09. A Pocketful Of Stones 6:18
10. Where We Start 6:46

Todas las canciones están compuestas por Gilmour, con letras suyas y en algunos casos también de su mujer, la escritora Polly Sampson, que ya colaboró con él en The Division Bell. Sampson también toca el piano e incluso acompaña a las voces en algún tema.

Otros colaboradores de excepción son Richard Wright, teclista de Pink Floyd; Guy Pratt, bajista de los Floyd en sus dos últimas giras mundiales; los clásicos David Crosby, Graham Nash y Robert Wyatt en las voces; el percusionista Andy Newmark; el músico Jools Holland; y Phil Manzanera, ex-componente de Roxy Music y productor de este disco junto al propio Gilmour y Chris Thomas.

El primer corte, “Castellorizon”, no es tanto un tema en si mismo como una breve introducción instrumental a todo lo que vamos a encontrarnos después, aunque en su segunda mitad, la guitarra de Gilmour le aporta tal dignidad que el tema acaba teniendo personalidad propia.

La canción que da título al disco, “On An Island”, es un bello tema, suave y acariciante en su parte cantada, y cuyos dos evocadores solos de guitarra, acompañados de los maravillosos teclados de Wright, bien podrían pertenecer a un nuevo disco de Pink Floyd.

El tercer tema, “The Blue”, es una hermosísima canción que invita a ser escuchada mientras te das un tranquilo paseo por una playa solitaria. La guitarra de Gilmour entra a mitad del tema reforzando esa sensación de belleza y paz. De algún modo y salvando las distancias de estilo, The Blue me recuerda a alguna de esas bonitas canciones de ese otro gran guitarrista llamado Chris Rea.

Si el tema “On An Island” es la carta de presentación de este trabajo, tranquila y evocadora, “Take A Breath” podría ser el single contundente y marchoso, sin duda la canción mas cañera del disco, con una guitarra y una batería que van ganando protagonismo a medida que la canción avanza. Un auténtico temazo.

El quinto corte, “Red Sky At Night” es el segundo instrumental del disco, una acariciante pieza donde el instrumento principal que toca el amigo Gilmour es… el saxo (¡y no lo hace nada mal!). Las notas finales de este tema sirven de perfecta introducción a…

...“This Heaven”, que con ciertos aires de blues marchosillo y un estupendo órgano hammond como fondo, me recuerda, sobre todo en su parte vocal, a aquellos pequeños pero brillantes temas de discazos floydianos clásicos como “Obscured by Clouds” ó “Meddle”.

La siguiente canción es “Then I Close My Eyes”, tercer instrumental del disco, que nos va haciendo flotar a medida que avanza, y que en algunos momentos también tiene ese sabor clásico de las antiguas composiciones del grupo.

El octavo corte, “Smile”, ya era conocido por su inclusión en el dvd “David Gilmour in Concert” del que hablamos antes. Bonita canción que me alegro que haya incluído también aquí, aunque la versión en directo no desmerecía en absoluto.

“A Pocketful of Stones” es una canción con muchos y siempre agradables cambios y la voz de Gilmour (¡que voz sigue teniendo este hombre!) resulta tan transparente y acariciante como siempre.

El décimo y ultimo tema, “Where We Start”, es el broche de oro tras todo lo escuchado, otro tema de connotaciones clásicas (que de verdad no me hubiera extrañado ver en la cara A ó B de un antiguo vinilo floydiano).

Destacar que la caja del disco también es un trabajo cuidado. En esta ocasión, los diseños (siempre complejos, siempre maravillosos) de Hipgnosis y Storm Thorgerson, han cedido su lugar a un disco en formato libro, conteniendo las letras de los temas, los créditos del album y unas cuantas fotos (un faro, una bandada de pájaros, el mar…), fotos que también nos transmiten esa paz y tranquilidad que impregnan la mayor parte de las canciones.

En resumen, un gran disco del siempre creativo David Gilmour, con algún momento mas cañero, pero en general con un talante lírico y evocador, propio de la etapa sosegada que el guitarrista parece estar viviendo en compañía de su mujer y sus hijos. Un disco que recomiendo escuchar alguna vez en solitario, caminando quizá por un bosque bucólico como ese por el que David y su mujer pasean en una de las fotos mencionadas.

Como adelanté al principio, no he pretendido en ningún momento que está reseña fuera una crítica objetiva, porque me hubiera sido imposible. Y es que, aunque no quiero ponerme especialmente lírico, lo cierto es que los muchachos de Pink Floyd han hecho siempre que mi vida sea más hermosa.

Y después de tantos años, es increíble, pero lo siguen consiguiendo.

Puntuación - 8.5

 
     
 

Javier Monteagudo

 
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