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Cuando
la gran mayoría de los músicos actuales buscan
en grandilocuentes historias la inspiración para pergeñar
sus álbumes, especialmente si son conceptuales, Devon
Graves se fija en el minimalista espectáculo
de observar una hoja de un árbol, la última
superviviente del otoño, resistiéndose a que
las leyes de la naturaleza cumplan su cometido. Nunca fue
Devon un chico fácil, tampoco cuando se le
conocía por el nombre de Buddy Lackey
y sus Psychotic Waltz surcaban las tierras
abonadas al culto musical, especialmente en centro Europa.
Los Dead Soul Tribe del nuevo Graves
han seguido desde el principio la estela que Psychotic
Waltz dejaran en sus últimos álbumes,
“Bleeding” y “Mosquito”.
“The January Tree” es tan dramático,
tan sombrío y de alguna manera tan romántico
como lo eran aquellos discos, y como ya lo fueran las dos
primeras entregas de Dead Soul Tribe. En
la búsqueda por terminar de redondear su obra, Graves
ha continuado su exploración por terrenos poéticos,
crudos y melancólicos, para extraer composiciones en
general muy homogéneas, y no por ello monótonas,
sino más bien encontrado continuidad argumental, a
través de composiciones dominadas siempre por guitarras
concluyentes, sobre todo en temas como “Wings
Of Faith”, pero arregladas ocasionalmente con
elementos dispares, como programaciones, percusiones de movimiento
tribal o la eterna flauta, a la que Devon Graves
raramente rehuye, como admirador confeso de Ian Anderson
(“Toy Rockets”), quien probablemente también
le influiría a la hora de construir su estilo vocal
de relajados contornos y culminantes relieves. Con un reinventado
“Just Like a Timepiece”, original
del año 1993, llega al culmen del trabajo, un tema
de lo más progresivo del lote y en el que mayor número
de variantes se manejan.
Producción
e instrumentación a cargo de Mr. Graves,
salvo las baterías grabadas por el exótico Adel
Moustafa. Aunque sea sólo en forma de culto
minoritario, el mito continua.
Puntuación
- 8 |
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