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En
su momento Derek Sherinian pareció
salir de Dream Theater, de alguna manera, por la
puerta de atrás. Se dejó entrever que era un
músico superficial, sin el poso de sobriedad que se
demanda para estar al lado de los Portnoy / Myung / Petrucci.
Sin embargo da la sensación que desde entonces, el
Sr. Sherinian se ha empeñado en demostrar
su calidad como instrumentista y su capacidad como compositor,
y así no tener que soportar más el dudoso honor
de haber sido considerado como el teclista de Alice Cooper
o Kiss. Desde su salida de los Theater, Sherinian
se ha vuelto un adicto al trabajo y ha remachado continuamente
albumes de calidad. Ya no es el teclista de Billy Idol,
Kiss o Alice Cooper. Ahora es el ex Dream
Theater, Yngwie Malmsteen y alma mater de los acreditados
Planet-X.
“Mythology”
es otra “venganza” más, otro reto salvado
con honores en el que Sherinian demuestra a la concurrencia
una versatilidad musical fuera de toda duda, y también
la capacidad de convocatoria requerida para contar a su lado
con figurones como, entre otros, Allan Holdsworth,
Tony Franklin, Simon Phillips, John Sykes,
Steve Lukather, Brian Tichy o Zakk Wylde.
Algo de lo que puede alardear desde su anterior “Black
Utopia”, donde los invitados ya eran de auténtico
lujo.
Tratándose de un virtuoso teclista, una de las características
más sorprendentes de los trabajos en solitario de
Derek Sherinian, es el afán de protagonismo,
no para sus teclados, como sería de esperar, sino para
las guitarras de sus insignes colaboradores. “Mythology”
es de nuevo un disco de guitarras hecho por un teclista, buscando
el enfrentamiento entre ambos instrumentos, el duelo desenfrenado
a veces como en “The Day Of The Dead”,
con un Holdsworth inusualmente metálico; y
la convivencia plácida y complementaria en las Jeff-Beckianas
“A View From The Sky” o
“Alpha Burst”. Es un álbum para
reconocimiento a sus ídolos, también en
“Trojan Horse”, donde la esencia de Van
Halen y el espíritu jazzy prevalecen unidas, incluso
con el beneplácito del enérgico violín
de Jerry Goodman. La nota exótica
viene de la mano de “El Flamingo Suave”,
una canción que dependiendo de cuales fuesen las intenciones
de su contenido, podría ser tan frívola como
su propio título. Aunque no deja de ser una anécdota
más para un disco bastante accesible, a pesar de su
condición principalmente instrumental.
Puntuación - 7 |
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