|
|
Parece
que Dream Theater se han propuesto darle a sus fans
algo que echarse a los oídos permanentemente. Cuando
todavía están recientes los ecos del triple
directo desde Nueva York, así como de los últimos
proyectos paralelos de algunos de sus componentes, los Theater
nos presentan su nueva aventura musical, otra vez intentando
salirse de lo digamos convencional, como viene siendo habitual
últimamente. En esta ocasión lo hacen en forma
de ambicioso doble trabajo, con tan solo seis canciones, la
última de las cuales ocupa en su integridad lo que
es el segundo CD del álbum. Un ejercicio de confianza
total en sus fans. Cualquier otra banda pensaría en
una obra así como en una temeridad comercial, pero
no es éste el caso. Basta recordar lo que sucedió
con la pieza conceptual de veintitrés minutos "A
Change Of Season", editada en 1995 casi a modo
de curiosidad, y que sin embargo se convirtió desde
aquel momento en una favorita para casi cualquier admirador
de la banda neoyorquina. Dream Theater saben de la
lealtad de su masa de seguidores, que lejos de disminuír,
aumenta con cada uno de sus lanzamientos, conquistando los
gustos de tanto metaleros con hambre de propuestas más
complejas, como de sinfónicos sin miedo a los riffs
de alto octanaje.
Aunque
no drásticamente, Dream Theater sí que
ha experimentado cierto cambio musical, especialmente tras
la edición de "Falling Into Infinity"
en 1997, con la sustitución en los teclados de Kevin
Moore, quien siempre aportó una personalidad más
intimista y trascendental que sus sucesores. La entrada desde
el anterior trabajo en estudio de Jordan Rudess, ha
significado la aportación de nuevos elementos a la
música de Dream Theater, aunque también
en muchos casos la exclusión de matices más
ambientales de los que siempre gustó Moore. "Six
Degrees Of Inner Turbulence" significa la definitiva
contribución de Rudess, que ha participado por primera
vez en las labores compositivas de principio a fin. Y sea
cual sea la razón, el hecho es que Dream Theater
suenan más "extremos" que nunca, en la contundencia
y en la suavidad, en la pomposidad y en la experimentación.
El primer disco presenta riffs y estacatos como los de "The
Glass Prision", que hubiesen pasado completamente
inadvertidos en el álbum negro de Metallica, aunque
evidentemente son aderezados convenientemente por cambios
de ritmo y sus correspondientes teclados, mientras James
LaBrie en ocasiones se desgañita cantando sobre
semejante avalancha. "Blind Faith"
es mucho más relajada con un animoso interludio instrumental
en el que conjugan brillantemente elementos muy dispares,
aunque en el cómputo global se me antoja algo inconsistente.
Dream Theater nunca habían experimentado tanto
como lo hacen en la discreta "Disappear"
o en "Misunderstood", donde se pueden
apreciar atmósferas casi Floyd en algunos momentos,
las cuales continúan en "The Great Debate",
hasta que la guitarra de Petrucci y la batería de Portnoy,
conducen el tema gradualmente a un estribillo que podría
estar firmado por la voz de Rob Halford... desconcertantemente
interesante.
El
CD número dos es otra historia. La edición de
los cuarenta y dos minutos divididos en las ocho partes, de
las que consta el tema "Six Degrees Of Inner Turbulence",
da la sensación de ser la principal razón para
el lanzamiento del conjunto de los dos discos. Esta segunda
parte no resulta en ningún momento desenfocada, como
le sucede puntualmente a la primera, es un majestuoso opus
rockero en toda regla: Desde la grandiosidad de "Overture",
emparentada sin rubor con la calidad de cualquier banda sonora
de las grandes producciones de Hollywood, hasta "Losing
Time/ Grand Finale", recorriendo por el camino
el espíritu sinfónico con cierto aire AOR muy
a lo Mullmuzzler de "About To Crash",
las heavieras "War Inside My Head"
y "The Test That Stumped Them All",
la ligeras "Goodnight Kiss" y "Solitary
Shell" donde LaBrie se muestra mucho más
cómodo, mientras Petrucci certifica un gusto
tremendo e incluso llega a sonar ciertamente jazzy, casi a
lo Pat Metheny, hasta que el guitarrazo inicial
de "About To Crash (Reprise)" marca el comienzo
de lo que es un auténtico temazo.
Si
este segundo disco hubiese sido editado por separado estaríamos
ante otro inconmensurable trabajo de Dream Theater
(aunque en ningún caso superior a "Scenes
From A Memory"), sin embargo la inclusión
de un desigual primer volumen, hace que "Six Degrees..."
como álbum, a pesar de ser estupendo, no alcance las
enormes proporciones de anteriores trabajos. Y dicho sea de
paso, mención honorífica para la labor de un
John Myung, del que raramente se habla y que
con su bajo firma una de sus apariciones más memorables.
De cualquier manera una obra de escucha obligada.
Puntuación
- 8'5 |
|