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Bajo
este destructivo título, se edita el nuevo trabajo
de Echolyn, grupo de origen estadounidense
formado por Brett Kull a la guitarra, Raymond
Weston como voz solista, Christopher Buzby
a las teclas, Thomas Hyatt al bajo
y Paul Ramsey a la percusión.
Se trata de un álbum de sonido excelente e impecable
producción, equidistante entre el rock progresivo y
otros estilos musicales más “tradicionales”,
situándose en una línea parecida a grupos como
Spock´s Beard o el proyecto Conspiracy,
de los componentes de Yes, Chris Squire
y Billy Sherwood.
A falta de innovación, el grupo ofrece una música
vistosa, profesional, fluida, estilosa, llena de fuerza, ritmo
y oficio. Todo ello confiere a este trabajo un “status”
comercial que hace pensar que, al igual que ocurre con muchos
otros grupos progresivos, Echolyn conseguiría,
con una mayor promoción, abarcar un espectro de audiencias
más amplio del que ahora mismo tiene.
En mi opinión, cabe destacar ciertas peculiaridades,
especialmente uno de los puntos fuertes del disco: las voces.
Weston demuestra ser un vocalista de calidad
contrastada, enérgico y en no pocas ocasiones rozando
los ásperos modos del rock duro, unos modos siempre
tamizados por las melodiosas intervenciones a coro de las
segundas voces, sensacionales en todo momento. Esta circunstancia
crea contrastes de lo más interesantes.
En este sentido, también es destacable el más
que correcto equilibrio en la combinación entre los
pasajes musicales más melódicos y los más
duros, al igual que el uso ocasional de instrumentos de viento,
uso sutil pero que da personalidad al conjunto y que emparenta
lejanamente alguno de los temas con estilos tan dispares como
el soul o el jazz.
Desde luego, este “end is beautiful”
es un disco asequible, entretenido, de calidad obvia y en
el que se demuestra una buena perspectiva comercial.
Puntuación
- 6.5 |
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