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Una
de las condiciones que mejor ha definido a Evergrey
a lo largo de su carrera y aún más en sus últimos
discos, es su facilidad para compensar riffs de alto octanaje,
melancolía a raudales y oscuros pasajes de teclas,
todo con el beneplácito de fans que van de lo progresivo,
a lo más estrictamente metálico e incluso gótico.
Una banda en constante progreso y que con “The
Inner Circle” han alcanzado su disco de mayor
empaque, no sólo por el conjunto de canciones de que
consta, sino también por el aplastante sonido en que
su propia autoproducción -tanto artística como
técnica-, ha derivado. Basta con escuchar las primeras
guitarras y la dupla bajo-bombo de “A Touch
Of Blessing” para saber a la solidez y a la
vez brillantez a la que me refiero. Ahondando en el concepto
de la Iglesia y su relación con el abuso a menores,
Evergrey han conseguido pulir su intensidad
y lograr diez temas de enorme densidad, que sin embargo terminan
calando en el oyente hasta la médula, la estupenda
“Ambassador” es buena prueba de ello.
El
cuarteto de cuerda de la sinfónica de Gotenburgo y
la vocalista Carina Englund ponen el toque
estilista, en contraste con la voz desgarrada de Tom
S. Englund, en un álbum marcado permanentemente
por el dramatismo musical, y en concreto por determinadas
composiciones que sobresalen especialmente, como las mencionadas
anteriormente, la balada “Waking Up Blind”
o “The Essence Of Conviction”.
Aunque curiosamente, uno de los momentos de mayor relevancia
del disco sea el desgarrador monólogo final de
“When The Walls Go Down”, que arropado
por una dramática instrumentación, se convierte
en un emotivo vehículo para transmitir una inquietante
sensación de angustia.
No
quedan tan lejos los días de su debut “The
Dark Discovery”, sin embrago el camino musical
de Evergrey parece estar siendo recorrido
con paso rápido y firme. Una banda en constante evolución
que todavía promete más. Por cierto, magnífica
portada del genial Mattias Noren
(Wolverine, Arena, Mind’s Eye...).
Puntuación
- 7 |
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