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Formación:
Ito Luna (batería), Dioni
Sobrado (guitarra Gibson, acústica), Lily
Alegría (bajo y voz) y Mario Gómez
Calderón –quien, por cierto, fue miembro
también de los imprescindibles “Bloque”-
(teclado, clavinet, sintetizador, string solina, mellotron).
Hijo
único de esta banda de origen cántabro, “Cuevas
de Altamira” entra de lleno en una etiqueta
que comenzó a colgarse a algunos grupos por aquellos
años denominada “rock con raíces”,
lo que quería significar la combinación de sonidos
folclóricos con el rock, habitualmente de influencia
sinfónica. Y, si bien todo aquello que suena a rock
sinfónico tiene una factura aceptable en este trabajo,
lo que respecta a la parte folk, sin embargo, me parece de
un nivel inferior, de un nivel compositivo simple, demasiado
simple, y de escaso interés.
“Cuevas
de Altamira” está influido –desde
su título- por el amor que sus componentes no pueden
ni quieren ocultar hacia su hermosísima y muy querida
tierra cántabra. Todos los temas que componen el disco,
e incluso su portada, son prueba inequívoca de ello.
Es música para disfrutar al aire libre y, en la mayor
parte de los temas, incluso bailable, propia de romería
o fiesta campestre.
Tal vez lo más destacable sea el corte que da título
al trabajo, “Cuevas de Altamira” y
también el que lo cierra, “La baila de
Ibio”. En ambas ocasiones la fusión
del folk con el rock está más conseguida que
en el resto y en ambas es más notable la calidad sobre
todo del teclado y de la guitarra, aunque bien es cierto que,
en “Cuevas de Altamira”, la voz
del bajista, Lily Alegría, parece bastante
forzada y no colabora en demasía a la brillantez del
tema. Del resto, salvo momentos puntuales de cierta intensidad
guitarrera, poco o nada que decir.
Según su página web, Ibio ha
seguido en activo, con la misma formación salvo el
guitarrista, que ahora es Adolfo Díaz Calderón,
y, entre sus proyectos se encontraba la grabación de
un nuevo disco del que, de momento, no tenemos más
noticia.
Puntuación
- bajita
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