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Siempre
se busca alguna razón cuando algún componente
de un grupo tan consolidado como Dream Theater, se
embarca en un proyecto paralelo en solitario con tintes de
seria continuidad como lo es MULLMUZZLER. Para explicarlo,
habitualmente se echa mano de ese argumento que habla de hacer
cosas que no tendrían espacio en el seno de la banda
madre, y de hecho suele ser verdad. Pero el caso que nos ocupa
me da la impresión que es diferente. A pesar de ser
un vocalista influyente y de referencia obligada, James
LaBrie no da la sensación de ser precisamente
la piedra angular de Dream Theater. Basta echar mano
de los créditos de sus discos (sobre todo del último
"Six Degrees..."), para comprobar que el
bueno de James no tiene el mismo protagonismo que el resto
de sus compañeros, lo que siembra dudas sobre la valoración
que de él realmente se tiene en el seno de la banda,
especialmente a la hora de enfrentarse a procesos creativos,
donde queda normalmente relegado (sospecho que involuntariamnete),
a escribir la letra y melodía vocal de alguna canción.
Con este planteamiento, la creación de Mullmuzzler
se me antoja como una necesidad real, un vehículo mediante
el cual James LaBrie puede expresarse integralmente
como artista, dando salida a ideas que en muchos casos tendrían
perfecta cabida en el universo sonoro de Dream Theater,
pero que debido a las razones que sean no son incluídas
en el repertorio del grupo.
En
Mullmuzzler-2, LaBrie vuelve a utilizar un equipo
de músicos para la grabación y otro distinto
para la composición, siendo los mismos protagonistas
del anterior "Keep It To Yourself"
de 1999. Por lo tanto contamos en tareas compositivas con
la inestimable ayuda de Trent Gardner (Magellan)
que firma un tema, Gary Wehrkamp y Carl
Cadden-James (Shadow Gallery) que firman dos, y Matt
Guillory (Dali's Dilemma) cuyos créditos aparecen
en el resto de los cortes y que además es el teclista
que toca en todo el álbum. Así que no es extraño
que ambos trabajos sean en general bastante similares en estilo;
ésto sigue siendo hard progresivo en su mayor parte
melódico y de fácil asimilación, orientado
hacia un sentido más convencional de las canciones,
aunque esta segunda entrega posea puntos de sobriedad más
consistentes que los del anterior.
El
maestro Guillory se erige de nuevo como mano
derecha del cantante, ayudando a perfilar temas tan asequibles
como progresivos, y mostrando su gusto por los teclados más
ambientales, aunque cuando lo desea también sabe como
conectar el turbo.
Como
en los últimos álbumes en los que ha participado,
James LaBrie está fenomenal, cantando
de un modo más pausado, y menos afilado que en tiempos
pasados. Son temas hechos a su medida, aunque no para lucimiento
descarado, quedando resquicio casi siempre para la actuación
instrumental del resto del grupo, que cumple muy profesionalmente.
La
parrilla de salida del disco la conforman tres temas muy destacados:
"Afterlife" -de tintes Marillion era
"Clutching At Straws"-, "Venice Burning"
-con inevitable tendencia Dali's Dilemma especialmente
en sus teclados, a pesar de no estar firmada por Guillory-
y "Confronting The Devil", de ambientes cercanos
a los interesantes rockeros The Tea Party. Luego, como
cabría esperar, llegan los guiños baladísticos
AOR de "Falling" y "Believe"
(¿no suenan un poco ñoñas?), continuando
con alguna que otra medianía hasta finalizar con la
ambiental "Tell Me".
Es
obvio que el cantante canadiense está musicalmente
en inferioridad ante pesos pesados como lo son sus camaradas
de Dream Theater, pero no es menos cierto que posee
un innegable talento para desarrollar melodías vocales
accesibles sobre fondos instrumentales progresivos. Un trabajo
bastante digno.
Puntuación
- 7 |
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