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Controvertido.
Esa es la palabra que, como mínimo, siempre acompaña
a este álbum de Jethro Tull. Y es
que en el año 1973 y tras el éxito que supuso
esa obra maestra llamada Thick As A Brick,
los Tull se encerraron en un castillo y dieron a
luz una buena cantidad de material que, en principio, no estaba
concebido para ser una sola obra, pero que al final acabó
emergiendo como tal. Los fans se dividieron: descalificativos
y elogios por igual. Para unos fue un sonoro fracaso, para
otros el culmen de la banda junto con el mencionado Thick
As A Brick.
El
resultado no es sólo "una obra" sino que
es una obra de teatro en toda regla (de hecho creo que se
llegó a representar, pero no estoy del todo seguro
de este dato). Dividida en 3 actos y con un intermedio incluido
(La historia de la liebre que perdió sus gafas), la
obra cuenta la historia de Ronnie Pilgrim, un hombre
que muere en el primer acto, no en vano asistimos a su funeral;
en el segundo asiste al visionado de su vida en una pantalla
(El banco de la memoria); y en el tercero visita a Dios y
al diablo para terminar resucitando (o algo similar cabe entender)
al final de la obra.
Apaleada.
Esta es otra palabra que acompaña a esta intrincada
pieza musical. La crítica afiló sus plumas para
cargar contra esta obra de teatro sonora que encontraron,
en el mejor de los casos, pretenciosa y carente de dirección.
Ian Anderson (para los neófitos: cantante,
flautista y líder de Jethro Tull)
se refugió en Estados Unidos, donde , al parecer, no
hacían tanta mella los varapalos recibidos y el disco
se vendía bastante bien. Allí no ponían
tanto en entredicho todo lo que rodeaba al concepto de las
"Passion Play", que eran actuaciones teatrales de
carácter popular que tenían lugar en el medievo
para representar la pasión de Cristo. Añadir
que tras el momento duro que la banda pasó a tenor
de las críticas, pudieron recuperarse íntegramente
en 1974 tras la edición de Warchild.
Complejo.
Más allá de cualquier duda razonable. Este es
el trabajo más oscuro, complejo y probablemente progresivo
de Jethro Tull. Sólo 2 canciones,
45 minutos de cambios de ritmo, atmósferas dispares
que parecen no pegar (aunque por supuesto están al
servicio de la historia), y largos pasajes instrumentales,
siempre aderezados con la magnífica flauta de Anderson,
caracterizan este cd que no dejará indiferente a nadie;
ya sea por su atrevida proposición musical o por la
no menos atrevida proposición temática.
Magistral.
Y aquí ya entra en juego mi valoración personal,
porque en mi opinión esto es lo mejor que ha parido
Jethro Tull junto con el celebérrimo
Thick As A Brick. Perfectamente calculado
y matemática y artísticamente estructurado este
trabajo se encarama como uno de los grandes clásicos
del rock progresivo de los 70. Un álbum memorable,
una auténtica joya progresiva que ningún buen
aficionado a la música puede ni debe perderse.
Puntuación - 9 |
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