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Cuando
un músico tan genial como Jordan Rudess se hace
rodear de colegas de la categoría de Terry Bozzio,
Steve Morse, John Petrucci o Billy Sheehan
para dar forma a un puñado de canciones de su cosecha,
a nadie le puede extrañar que el resultado sea de impecable
factura. Es por ello que "Feeding The Wheel",
viene precedido de la expectativa de ser una obra de clase
contrastada, incluso antes de haberse procedido a su primera
escucha. Y después de sucesivas degustaciones, ciertamente
ni engaña ni decepciona, ya que es un trabajo de calidad
tan cósmica como lo es su portada, aunque quizás
lo que se echa de menos es precisamente el factor sorpresa.
Y es que "Feeding The Wheel" es ni más
ni menos lo que se espera de él: más de una
hora de desacomplejada música instrumental, donde Rudess
se explaya a sus anchas, no solo como mero instrumentista,
sino también como el excepcional compositor y arreglista
que es, mostrándonos uno tras otro, ejemplos del catálogo
de sonidos para teclado, que siendo un auténtico investigador
de síntetizadores/síntesis, él mismo
crea y confecciona. Surtido sónico puesto al servicio
de una versatilidad musical tal, que no siempre tendría
cabida en su banda Dream Theater, a pesar de ser un
grupo definitivamente abierto de mente.
Por
otro lado, los compañeros de viaje de Jordan
son otro acicate más, especialmente el inconmensurable
batería Terry Bozzio (Zappa, UK, Bozzio-Levin-Stevens...),
quien exhibe en todo momento su fenomenal técnica y
su contundente pegada, puestas al servicio de canciones muy
variadas, complejas aunque no exentas de melodía y
cierto gancho. Temas que dirigidos magistralmente desde los
teclados, adquieren contornos que van del Jazz o la
New Age a lo clásico o lo sinfónico,
siempre dentro de atmósferas tan nítidas, que
demasiado a menudo adolecen de emotividad, convirtiéndose
en piezas de acabado musical incontestable pero, al menos
en mi caso, de aséptica comunicación, la cual
se establece de cuando en cuando merced a los fulgurantes
solos de Petrucci y especialmente de Steve Morse
-éste sí que es un ejemplo de comunicación
emocional-.
Destacan
la vitalidad de "Dreaming In Titanium",
la fantástica "Crack The Meter"
-con cierto aire EL&P- y la pasada cinematográfico-progresiva
de "Revolving Door" (sus más
de ocho minutos y medio valen por la compra de todo el disco).
Un
álbum que no te pone la carne de gallina pero que musicalmente
te levanta del asiento sin remedio.
Puntuación
- 8 |
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