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Ya
sabemos aquello tan manido de que el neoprog bebe de las fuentes
de la creatividad de los antiguos grupos sinfónicos
triunfantes en los años setenta. Sin duda el neoprog
es eso (en caso contrario no se llamaría neoprog),
pero también es mucho más que eso. Porque en
contra de lo que defienden los más puristas, lo cierto
es que a estas alturas de la película, el neoprog nos
ha regalado ya un montón de grandes discos y un montón
aún mayor de grandes canciones.
De
acuerdo que las influencias de aquellos grandes grupos sinfónicos
son más que evidentes en muchas ocasiones, pero yo
diría que no siempre hay que utilizar las palabras
“plagio” ó “calco” con la ligereza
con que se utilizan a veces. Y
así, de vez en cuando descubro algún nuevo trabajo
que aunque me suene a aquel disco de X, ó me recuerde
a aquel vinilo de Z, tiene unos rasgos de autenticidad que
le dan un valor añadido incuestionable.
Esto
es lo que me pasa (siempre, por supuesto, desde mi subjetividad)
con este disco de Salem Hill, igual que me
pasó en su momento con, por citar otro ejemplo, el
primer cd de La Maschera di Cera. Discos hechos en
el siglo XXI, pero que rezuman un clasicismo tal que bien
podrían haber sido grabados a mediados de los setenta.
Y la sensación que me transmiten no es la de ser una
copia clónica de algo ya escuchado, sino la de poseer,
como digo, una autenticidad indudable.
Los
americanos Salem Hill llevan batallando en
esto del progresivo desde los primeros noventa, y trece años
después nos llega este su séptimo trabajo de
estudio, “Mimi´s Magic Moment”.
La
banda, formada por Carl Groves (teclista),
Michael Dearing (guitarra), Patrick
Henry (bajista) y Kevin Thomas (batería),
cuenta en esta ocasión con algunos invitados muy especiales.
El
disco consta de cuatro intensos temas, en el primero de los
cuales, “The Joy Gem” (15:04),
está como personalísimo vocalista invitado el
prolífico ex-Spock´s Beard Neal
Morse. De hecho, yo diría que la presencia
e influencia artística de Morse, aunque no
de forma tan evidente, se deja notar también en otros
momentos del disco. “All Fall Down” (7:15)
es el tema más corto del disco, donde, al igual que
en el primer corte, podemos disfrutar del violín del
ex–Kansas David Ragsdale.
En “Stolen by Ghosts” (21:29)
destacaría los teclados llenos de matices de Groves.
Y finalmente en “The Future Me” (18:53)
encontramos el, para mí, mejor tema del disco, el más
completo de todos, aderezado con el piano de Fred
Schendel, de Glass Hammer.
Repletos
de sutilezas, todos los temas contienen hermosas partes melódicas
y vocales, entre las que se intercalan los largos momentos
instrumentales en los que Salem Hill
demuestra todo lo que son capaces de hacer.
En
resumen, un buen disco de rock sinfónico, con sabor
clásico y auténtico, que nos deja a la espera
de futuros y prometedores trabajos de esta banda.
Puntuación
- 7.5 |
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