16 marzo 2006. Sala HEINEKEN (Madrid)
 
una crónica de
Luis Manuel Berreiros
 
fotos
Javier Monteagudo
 

En Noviembre pasado fue KEITH EMERSON, la E. Y ahora ha sido el turno de CARL PALMER, la P. Lejos, muy lejos de aquellos macroconciertos repletos de gente deseosa de zambullirse en la exhuberancia y el exceso con el que siempre entendíeron su música, ambos nos han mostrado, cada uno a su manera, cómo vivieron su época dorada, cómo la han interiorizado y cómo viven el presente.

Lejos, muy lejos de aquellos llenos absolutos, del "no hay entradas", y de las colas de fans a las puertas, pero con una sorprendente energía y con el "saber vivir" que da la experiencia de casi 60 años de existencia, he aquí lo que nos deparó esta segunda entrega del antes y el después de la E, y la P. Falta, claro, la L, de Lake, para cerrar de nuevo el círculo, EL&P, pero no hay prisa... de momento "welcome back my friends ...."

 
 

Esta vez y sin que sirva de precedente, comenzaré esta reseña con aires algo pesimistas y sin duda nostálgicos. Durante los previos al concierto, prolongados, en la menos prusiana y desde luego más habitual de las costumbres, más de 30 minutos, mi cabeza se permitió el desacostumbrado lujo de cavilar, de buscar razones a un nuevo fiasco en el plano de la asistencia. La conclusión, compartida quizás con otros aficionados, es la siguiente: el público que roza los 40, ese público que conoce y admira a gente como Carl Palmer, no es habitual a los conciertos. Los quehaceres familiares y laborales han carcomido parte de esa esencia y ha adocenado a un alto porcentaje. Respecto a los otros, los jóvenes, los que aún se mueven y participan, obviamente no hemos sido capaces de transmitirles las bondades de unos músicos que han trascendido a niveles tan, tan altos que han rozado olimpos musicales.

No es esta una conclusión halagüeña, especialmente porque merced a esta situación, los promotores probablemente dejarán de fijar sus ojos en estas figuras, que desde luego no son baratas y aparentemente no despiertan ya tanto interés. Esta situación nos privará de poder disfrutar de conciertos como el del jueves 16 de Marzo, ante una audiencia de 180 almas.

Las penas con pan son menos y el pan musical alimenta que da gusto. Así como en los experimentos de Pavlov, los simpáticos canes comenzaban a segregar saliva con un toque de campana, los primeros baquetazos en “Peter Gunn” comenzaron a hacer efecto en las glándulas de los asistentes. El comienzo no fue ciertamente brillante, un inoportuno fallo en la guitarra hizo precisar el reinicio del tema, y además Carl Palmer parecía mostrarse molesto con algún incomodo foco que calentaba en exceso su egregia chepa. Una vez superados estos problemas, se comenzó a vislumbrar que este curioso trío en el que faltaba un teclista podría dar un gran espectáculo. Y así fue ciertamente, una noche basada en música de E,L&P, una noche de enérgica percusión, pero también de gran intensidad en la brillante interpretación que el jovencísimo Paul Bielatowicz a la guitarra y el recientemente incorporado al clan, Stuart Clayton al bajo desarrollaron. El primero tenía la complicadísima labor de traducir a las seis cuerdas la ciencia de Keith Emerson y desde luego rebasó esta necesidad. Mr. Clayton por otra parte dio también la talla, atreviéndose incluso a algún brillante solo, que incluyó “Shape of my Heart”, de Sting, en el que adornaba con lucecitas brillantes el perfil de su bajo.

Respecto a Carl Palmer, un saco de virtudes, físicas, técnicas e incluso sociales; tuvo el buen gusto de presentar sus temas en castellano, idioma que conoce bien tras vivir varios años en nuestro país. Esa simpatía que despierta quien chapurrea nuestro idioma con localismos, fue especialmente bien acogida cuando presentando el tema “L.A. Nights”, hablaba del periodo en que vivió en Los Angeles y confraternizó con Joe Walsh....”mucha calle...muchas copitas”, o cuando referenciando a “Love Beach” echaba pestes sobre la estética del mismo....”horrible disco, aspecto nada progresivo, esos tres 'mariquitos' en la portada... eso sí en ese trabajo había un buen tema... Canario!!!". Otra de las “confesiones” de la noche apuntaba que “Brain Salad Surgery” fue sin duda la cumbre de la producción de E,L&P.

Aparte de los temas citados, otros cortes que se desarrollaron durante los aprox. 90 minutos del concierto fueron, "Hoedown", basado en el original de Aarón Copland, dos tributos a la música de Sergei Prokofiev, con “The Enemy God” y "el baile de las máscaras" de Romeo y Julieta, o hitos tan relevantes como "Tank", "Bullfrog", "Tocata", "Tarkus", "The Barbarian" o "Trilogy". Toda esta impresionante selección tuvo su broche final con “Fanfare for the Common Man” en el que Palmer se marcó el no por esperado, menos impactante solo de batería que dejó atónitos a los asistentes. Tras tan soberbia demostración de los méritos de este insigne cincuentón (casi sesentón), retirada tras los bastidores y nueva aparición para el único bis de la noche, otra adaptación clásica, en este caso del “Carmina Burana” de Carl Orff.

Tras el contundente espectáculo, la conclusión musical es que los allí congregados asistimos a un gran concierto cocinado con gran habilidad por un trío de campanas (qué pena ...no había Gong).

Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
Amplía la foto
 
 
 
 
 
CARL PALMER en diferentes secuencias de su enérgica actuación
 
 
 
Luis Manuel Berreiros Cano - Abril 2006
 
 

© Copyright LOS RECUERDOS DEL UNICORNIO - Abril 2006

Selecciona un nuevo concierto