2005 WORLD TOUR
17 junio 2005 - Sala LA RIVIERA (Madrid)
27 años después, (casi) "TWO FOR THE SHOW" en directo
 
 
Son los más grandes. No en vano llevan en torno a 30 años creando clásicos inconfundibles. Sin embargo, en tanto tiempo, jamás habían pisado ningún escenario español. Cuando ya no contábamos con verlos por aquí, salta la sorpresa, y se deciden a cruzar el charco, como parte de ese WORLD TOUR 2005. Físicamente ya no son los que eran -la edad tan sólo perdona a otro tipo de faranduleros- pero musicalmente están enormes. Todavía en nuestra memoria los ecos de un repertorio increíble -clásico tras clásico, casi calcaron el repertorio del disco TWO FOR THE SHOW- he aquí lo que al respecto -tanto las luces como las sombras- nos cuentan de tan deseada cita, dos personajes casi contrapuestos (al menos en este caso). Por un lado podéis conocer la opinión del mejor experto y el más apasionado que hemos podido encontrar, nuestro kansasmaníaco compañero Luis Berreiros. Y por otro la visión objetiva y el análisis afilado de quien, sin ser apasionado de Kansas, sabe disfrutar y reconocer la buena música, el relato que de los hechos objetivos hace nuestro compañero Jesús Llamas. Tras la lectura podeís elegir: uno, otro, o el cómodo punto me,dio, que pega bien con todo.
 
 
Una crónica de ..L U I S ..B E R R E I R O S
 
Tarde calurosa en el coso ....de “La Riviera”. Mucho calor, muchísimo calor, del tangible, del físico, del que nubla mentes y adormece cuerpos. Y mucho también del otro, del que aúna emoción, pasión e incluso cierta incertidumbre ante la perspectiva de un espectáculo tan deseado, tan esperado como en algunos casos ignorado.
 

Billy Greer, al bajo
 

Ya lo decía el genial judío Einstein,“todo es relativo”. Los años, y todas las marcas que deja su paso, pueden considerarse, según desde qué perspectiva se observe, o como testigos de la experiencia y enriquecedores de una carrera o como síntoma inequívoco de que hace tiempo que se pasó la fecha de caducidad. Los medios de comunicación son, como siempre, los que marcan la barrera tan artificial como caprichosa entre el "experimentado" grupo "A" y el caduco grupo "B". Entre las bandas tipo “Stones”, por las que “no pasa el tiempo” o las bandas tipo Yes, Genesis o Kansas, que según ellos, deberían ya estar sepultadas bajo toneladas de estratos (si excavas mucho, es posible encontrar algún diente fósil). Conste que nos encantan las bandas tipo "Stones", pero nunca hemos entendido ese doble rasero.

En fin, al margen de estas amargas divagaciones más o menos repetitivas, se presentaba, especialmente para algunos de nosotros, un panorama muy prometedor, un momento que pensábamos no llegaría nunca, dado el rechazo habitual de nuestros protagonistas a volar fuera de sus fronteras.

 
Antes de desarrollar el tema Kansas, querría hacer mención especial del telonero de la noche, Syd Barretina, un personaje curioso, de nombre real Jordi Ricol, y pseudónimo ocurrente, no basado, según sus propias palabras, en una especial devoción por Syd Barret, sino en el simpático juego de palabras entre Barret y el popular gorro con que los catalanes se engalanan en sus celebraciones típicas, la barretina. Jordi/Syd desde hace tiempo se dedica a ofrecer con bastante oficio versiones de Pink Floyd (recreaciones de Pink Floyd, como el prefiere decir), en formato acústico. En este caso acudió a la cita acompañado de Sergio Cerni un gran guitarrista que con su polifacético instrumento (acústica, eléctrica, midi) aderezó con gran acierto las ya interesantes versiones de Barretina. La respuesta del público que ya comenzaba a completar esos tres cuartos de entrada que concretarían la asistencia a tan magno evento, fue buena, mejor de la que acostumbra a recibir la maltratada figura del telonero, y el cierre de su actuación, una completa e intensa versión del clásico Comfortably Numb, fue largamente aplaudido.
     

... y tras Syd ... apareció Kansas... es cierto que las figuras que iban ocupando el escenario, no han sido en algunos caso bien tratadas por el tiempo. Rick Williams, por ejemplo, se mostraba algo desmejorado, con unas gafas que cubrían su carismático parche y una pose permanentemente encorvada, siempre en segundo plano excepto en puntuales y desde luego cortos riffs guitarreros. Robby Steindhart, por su parte, verdadero frontman de la banda en este caso, con sus imponentes ciento y muchos kilos, y su larga cabellera rizada , como si de Eric el Rojo se tratase, ocupaba el núcleo central del escenario, haciendo verdaderas diabluras con su violin. Billy Greer al bajo y unos, en este caso sí, en gran forma física Steve Walsh y Phil Ehart (grandísimo batería), completaban la escena.

 

Tan sólo un teclado ante los dedos del gran Steve Walsh.
 
Desde el principio y probablemente debido a sucesivos fallos en uno de sus teclados, no parecía el día de Walsh, se le veía irritado, molesto, aunque los aplausos del público cada vez que la “crew” devolvía a su soporte el malogrado instrumento, lograron arrancar alguna sonrisa al magnífico vocalista. Lo que al final quedará como una anécdota de esta actuación, ese teclado fallón y desde luego esos técnicos incapaces de solucionarlo, fue sin duda lo peor del concierto, ya que privaron a la audiencia, de disfrutar en todo su esplendor temas como “Song for America” o “Belexes”. Esta carencia se reveló en todo su significado, cuando los sones del instrumento comenzaron a percutir en los cerebros de los asistentes, probablemente embotados por el brutal, inmenso, incalificable calor en “la Riviera”.
 


Billy contempla el punteo de Richard Williams

 

En ausencia de un Walsh al 100%, Steindhart cubrió la carencia, con fuerza, energía y con virtusismo, protagonizando los momentos más intensos de la noche.

Respecto al repertorio, intachable, Kansas son conscientes de que no suelen pasar por aquí, de que probablemente no vuelvan a hacerlo, y quisieron permitir, para deleite de los asistentes, que esos temas históricos, esos que siempre resonarán en nuestros oídos, fueran el núcleo duro de la noche. A los ya citados, hay que añadir Portrait, Carry on Wayward son, Mágnum Opus, Dust in the Wind , Point of Know Return o Icarus.

Este repertorio, tan similar al desarrollado en su magnífico Two for the Show, cubrió todas la expectativas de la audiencia, si bien el nivel sonoro en determinadas fases del concierto, caso de Magnum Opus, no tuvo la calidad necesaria para disfrutarlo como el tema merece.

 
Hora y media duró el espectáculo, corto, muy corto para lo que la parroquia allí congregada esperaba. Pocas veces los muros de “La Riviera” escucharon tanta insistencia en la petición de un segundo capítulo de bises. Pero era imposible. Mientras nos desgañitábamos pidiendo una nueva aparición de la banda, tal y como luego nos comentaba Syd Barretina, los miembros de la banda ya habían tomado un coche para dirigirse hacia su hotel. No estaban para mucha más actividad.
 

Sin duda, el de aspecto más impresionante, el enorme Robby Steinhardt
dio una magistral lección no sólo de violín, sino también de puesta en escena
 
La verdad es que no puedo ni quiero hablar de frustración, para mí fue suficiente y me permitió cumplir un deseo que siempre pensé realmente lejano. La banda seguirá siendo uno de los combos más perfectos que ha dado la historia del rock y desde luego seguirán ocupando un puesto muy alto en mi escala de valores... pero es justo no olvidar los puntos negros, el calor, los 45 minutos sin teclado, la brevedad de la actuación y en ocasiones el mal sonido..., además del habitual maltrato por parte del personal de una sala realmente lamentable... Bueno qué se le va a hacer...Dios salve a Kansas, gracias sinceramente por todo lo que habéis hecho en estos más de 30 años de carrera.
 

Señoras y señores, KANSAS. Quizás no en su mejor momento, pero KANSAS, auténticos.
La ocasión fue irrepetible, y allí estuvimos para aprovecharla
 
 
Una crónica de ..J E S U S ..L L A M A S
 
Kansas: alrededor de un concierto.

Esto no es una reseña de un concierto típica, sino que recoge también una serie de circunstancias que rodearon al evento y que, en cierta medida, condicionaron el disfrute del mismo. No soy un seguidor apasionado de Kansas como el compañero Luis, que ha realizado la crónica “oficial”, pero me interesa aproximarme a otros aspectos del concierto. Y es que algunos de ellos son recurrentes y francamente criticables.

Preámbulo: 3 de julio del año de Nuestro Señor de 2004, sábado. Concierto de G3, la periódica colaboración de Satriani y Vai con otro guitarrista destacado que varía según los casos: Eric Johnson, Yngwie Malmsteen, John Petrucci, en esta ocasión era Robert Fripp. En la entrada indica el lugar, la Riviera y la hora de inicio del concierto: las 20.00. En el punto de venta indican que empieza a las 22.00 y en la prensa aseguran que a las 18.00. Llamada a la sala y confirman lo publicado en la prensa: apertura de puertas a las 18.00, empiezan a las 19.00. Un servidor se queda de piedra, un concierto de una duracción estimada de 3 horas y media a esas horas en un sábado de julio. No hablamos de un festival con 5 grupos y 7/8 horas. Incrédulo todavía, hice acto de presencia a las 19.30 y me perdí a Fripp en solitario. Con la que caía aquel día, no hay aire acondicionado ni ventilación y las lonas del techo dejan pasar el sol vespertino consiguiendo un espectacular doble efecto, eliminar la espectacularidad de las luces y puesta en escena y recocer al respetable que podía hacer bien poco para evitar el calor... No es esto un estadio al aire libre sino una cazuela donde han dejado la tapa medio abierta ..

Conclusión del concierto: 22.30, aún se podía ver claridad en el cielo cuando la sala fue desalojada. Algunos de los que hicieron caso a alguno de los diversos horarios que circularon se encontraron con media hora escasa de concierto al módico precio de treinta y pico euros.

17 junio 2005, viernes. Kansas viene por primera vez a España. De nuevo la Riviera. Esta vez hay homogeneidad en los horarios pero no en el programa. Apertura de puertas a las 20.00. Pero en unos casos a las 20.45 abre el concierto Kansas y en otros el telonero, Syd Barretina. Aparezco a las 20.45 con puntualidad digna de mejor causa y me encuentro con que el telonero ya ha terminado (una pena por lo que pude apreciar en el miniconcierto que grabaron para el programa) y con la falta de ventilación y el sol de justicia (un poco menos, era una hora más tarde) de la vez anterior. La cerveza en vaso de plástico 4,5 euros, supongo que una incitación a la sobriedad, si no fuese porque el cubata vale sólo un euro más. Me entero que el horario implica que Kansas empiecen a las 21.30 h, un horario que deben conocer media docena de iniciados con antelación al concierto. Aunque he de apreciar una mejora en este aspecto, porque al menos no hay la variabilidad de la vez anterior, me gustaría que en la entrada, indicasen el horario y si actúa alguien más, no se si es mucho pedir a cambio de los teóricos 30 euros de la entrada. Y digo teóricos porque a pesar de ser el precio anunciado, es imposible comprar una entrada a 30 euros: por internet te cobran 3 euros más en concepto de emisión y en los puntos de venta anticipada 2 más en concepto de distribución. ¿Por qué no se dejan de historias y dicen el precio que cuesta de verdad ?. Sólo falta que cobren aparte el IVA o el papel, aunque mejor no doy ideas, no vaya a ser que esto lo lea un promotor avispado. En cualquier caso, ¿nadie revisa las condiciones de estas salas, con temperaturas dignas de un cocedero de mariscos, sección gambas?

El caso es que con unos 20 minutos de anticipación al horario virtual aparecen Kansas en el escenario. Quizá sea esa la estrategia: al no indicar el horario correcto a nadie, cualquier imprevisto (y este lo fue) se confunde en el maremagnum de información en un sentido y otro. En un principio el sonido fue malo, impropio de la fama de unos históricos como Kansas y de repente, el toque surrealista, un teclado deja de funcionar y se lo llevan para recomponerlo. Pero es que Steve Walsh no lleva la docena que lleva Rick Wakeman sino dos Kurzweil y le quedó uno, con el que se limitó a utilizar el preset de piano durante casi una hora. Con esto le queda a uno la impresión de que las pruebas de sonido las hicieron desde el hotel mediante telequinesis y psicofonías. Prueba virtual, vamos. A medida que avanza el concierto mejora la calidad sonora y se puede apreciar los grandes intérpretes que hay sobre el escenario, con mención especial para Richard Williams, guitarra y Robby Steinhardt el inconfundible violinista de la formación, el más abierto del grupo. Incluso para un mediocre conocedor de la discografía de Kansas, como es mi caso, queda patente que la mayoría de los temas son clásicos de finales de los setenta, aún no pudiendo identificar la mitad de los títulos de las canciones. Interpretaron, por ejemplo, Song for America (sólo con piano, ya digo...), Point of no return y Magnum Opus. Cuando devuelven el teclado restaurado y el cielo empieza a oscurecer, desaparecen tras un par de canciones. Queda el bis, que se inicia con "Dust in the wind" (cómo no) y termina con "Carry on wayward son" en apenas un cuarto de hora. No son las 22.30 h cuando, a pesar de los gritos del público (puedo decir eso de "respetable", pero no "respetado" por razones obvias) se encienden las luces y empiezan a despejar la sala con una eficiencia encomiable, que uno desearía que utilizasen para otros aspectos de la organización.

Quedan como conclusión dos puntos que voy a comentar con cierta amplitud: el primero, Kansas son unos magníficos interpretes, dignos de su fama y de las alabanzas que se les dedican en esta web pero vinieron en una gira alimenticia, Vamos, que, al menos en Madrid, se limitaron a cumplir el expediente con no demasiado entusiasmo. Las comparaciones son odiosas (sobre todo para uno de los comparados) pero no puedo evitar recordar el concierto de Yes el 22 de julio de 2003 (no hace tanto) donde nos obsequiaron con mas de una hora adicional de música, al menos 2 horas y media, con una versión memorable de Awaken, para mi superior a la del disco. Músicos de una edad parecida, si no superior, que mostraron un interés y una pasión que eché en falta en Kansas. Aun así el concierto mereció la pena, pero nos deja con un cierto nivel de frustración: estos señores lo pueden hacer mucho mejor.

Y el segundo, la falta de salas de concierto dignas en la candidata a ciudad olímpica en 2012 (y en 2016 o 2020 seguramente). Aquí, lo que más interesa, salvo honrosas excepciones, es la actividad de discoteca y por eso a las 23.00 todo tiene que estar despejado y vacio de melenudos y gentes de mal vivir. Parece que no hacemos suficientes consumiciones en barra. Recuerdo, a propósito de esto, el primer concierto de Arena en la sala homónima donde les impidieron tocar un bis. También en Arena (la sala) el concierto de Mum (un grupo islandes), empezó a la improbable hora de las 20.00 un viernes de finales de mayo. Se entiende entonces como otros conciertos en la Riviera en días de diario en otoño o invierno como los de Vargas Blues Band, Joe Satriani (miércoles) o Sigur Ros (jueves) acabasen pasadas las 24.00. No hay discoteca que abrir..., se puede tratar a estos tarados rockeros como personas y no echarles del local barriéndolos casi literalmente junto con los vasos de plástico.

Por las características de la sala este horario tan temprano hace que los conciertos en verano sean particularmente incómodos y hace temer lo peor de citas como la de Peter Frampton o Jethro Tull en el mes de julio. No tiene porque ser gran problema el horario, apropiadamente anunciado, si luego el local tiene unas mínimas condiciones.

Para terminar, un dato positivo: en la Riviera hay un pequeño chiringuito donde venden bocadillos. Tienen un precio ajustado y el personal que atiende el negocio es francamente amable.

 
 
Fotografías: ..NORBERTO RAMOS
 
 

© Copyright LOS RECUERDOS DEL UNICORNIO - Julio 2005

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