Kansas:
alrededor de un concierto.
Esto
no es una reseña de un concierto típica, sino
que recoge también una serie de circunstancias que
rodearon al evento y que, en cierta medida, condicionaron
el disfrute del mismo. No soy un seguidor apasionado de Kansas
como el compañero Luis, que ha realizado la crónica
“oficial”, pero me interesa aproximarme a otros
aspectos del concierto. Y es que algunos de ellos son recurrentes
y francamente criticables.
Preámbulo:
3
de julio del año de Nuestro Señor de 2004, sábado.
Concierto de G3,
la periódica colaboración de Satriani y Vai
con otro guitarrista destacado que varía según
los casos: Eric Johnson, Yngwie Malmsteen, John Petrucci,
en esta ocasión era Robert Fripp. En la entrada indica
el lugar, la Riviera y la hora de inicio del concierto: las
20.00. En el punto de venta indican que empieza a las 22.00
y en la prensa aseguran que a las 18.00. Llamada a la sala
y confirman lo publicado en la prensa: apertura de puertas
a las 18.00, empiezan a las 19.00. Un servidor se queda de
piedra, un concierto de una duracción estimada de 3
horas y media a esas horas en un sábado de julio. No
hablamos de un festival con 5 grupos y 7/8 horas. Incrédulo
todavía, hice acto de presencia a las 19.30 y me perdí
a Fripp en solitario. Con la que caía aquel día,
no hay aire acondicionado ni ventilación y las lonas
del techo dejan pasar el sol vespertino consiguiendo un espectacular
doble efecto, eliminar la espectacularidad de las luces y
puesta en escena y recocer al respetable que podía
hacer bien poco para evitar el calor... No es esto un estadio
al aire libre sino una cazuela donde han dejado la tapa medio
abierta ..
Conclusión
del concierto: 22.30, aún se podía ver claridad
en el cielo cuando la sala fue desalojada. Algunos de los
que hicieron caso a alguno de los diversos horarios que circularon
se encontraron con media hora escasa de concierto al módico
precio de treinta y pico euros.
17
junio 2005, viernes. Kansas viene por primera vez a España.
De
nuevo la Riviera. Esta vez hay homogeneidad en los horarios
pero no en el programa. Apertura de puertas a las 20.00. Pero
en unos casos a las 20.45 abre el concierto Kansas y en otros
el telonero, Syd Barretina. Aparezco a las 20.45 con puntualidad
digna de mejor causa y me encuentro con que el telonero ya
ha terminado (una pena por lo que pude apreciar en el miniconcierto
que grabaron para el programa) y con la falta de ventilación
y el sol de justicia (un poco menos, era una hora más
tarde) de la vez anterior. La cerveza en vaso de plástico
4,5 euros, supongo que una incitación a la sobriedad,
si no fuese porque el cubata vale sólo un euro más.
Me entero que el horario implica que Kansas empiecen a las
21.30 h, un horario que deben conocer media docena de iniciados
con antelación al concierto. Aunque he de apreciar
una mejora en este aspecto, porque al menos no hay la variabilidad
de la vez anterior, me gustaría que en la entrada,
indicasen el horario y si actúa alguien más,
no se si es mucho pedir a cambio de los teóricos 30
euros de la entrada. Y digo teóricos porque a pesar
de ser el precio anunciado, es imposible comprar una entrada
a 30 euros: por internet te cobran 3 euros más en concepto
de emisión y en los puntos de venta anticipada 2 más
en concepto de distribución. ¿Por qué
no se dejan de historias y dicen el precio que cuesta de verdad
?. Sólo falta que cobren aparte el IVA o el papel,
aunque mejor no doy ideas, no vaya a ser que esto lo lea un
promotor avispado. En cualquier caso, ¿nadie revisa
las condiciones de estas salas, con temperaturas dignas de
un cocedero de mariscos, sección gambas?
El
caso es que con unos 20 minutos de anticipación al
horario virtual aparecen Kansas en el escenario. Quizá
sea esa la estrategia: al no indicar el horario correcto a
nadie, cualquier imprevisto (y este lo fue) se confunde en
el maremagnum de información en un sentido y otro.
En un principio el sonido fue malo, impropio de la fama de
unos históricos como Kansas y de repente, el toque
surrealista, un teclado deja de funcionar y se lo llevan para
recomponerlo. Pero es que Steve Walsh no lleva la docena que
lleva Rick Wakeman sino dos Kurzweil y le quedó uno,
con el que se limitó a utilizar el preset de piano
durante casi una hora. Con esto le queda a uno la impresión
de que las pruebas de sonido las hicieron desde el hotel mediante
telequinesis y psicofonías. Prueba virtual, vamos.
A medida que avanza el concierto mejora la calidad sonora
y se puede apreciar los grandes intérpretes que hay
sobre el escenario, con mención especial para Richard
Williams, guitarra y Robby Steinhardt el inconfundible violinista
de la formación, el más abierto del grupo. Incluso
para un mediocre conocedor de la discografía de Kansas,
como es mi caso, queda patente que la mayoría de los
temas son clásicos de finales de los setenta, aún
no pudiendo identificar la mitad de los títulos de
las canciones. Interpretaron, por ejemplo, Song for America
(sólo con piano, ya digo...), Point of no return y
Magnum Opus. Cuando devuelven el teclado restaurado y el cielo
empieza a oscurecer, desaparecen tras un par de canciones.
Queda el bis, que se inicia con "Dust in the wind"
(cómo no) y termina con "Carry on wayward son"
en apenas un cuarto de hora. No son las 22.30 h cuando, a
pesar de los gritos del público (puedo decir eso de
"respetable", pero no "respetado" por
razones obvias) se encienden las luces y empiezan a despejar
la sala con una eficiencia encomiable, que uno desearía
que utilizasen para otros aspectos de la organización.
Quedan
como conclusión dos puntos que voy a comentar con cierta
amplitud: el primero, Kansas son unos magníficos interpretes,
dignos de su fama y de las alabanzas que se les dedican en
esta web pero vinieron en una gira alimenticia, Vamos, que,
al menos en Madrid, se limitaron a cumplir el expediente con
no demasiado entusiasmo. Las comparaciones son odiosas (sobre
todo para uno de los comparados) pero no puedo evitar recordar
el concierto de Yes el 22 de julio de 2003 (no hace tanto)
donde nos obsequiaron con mas de una hora adicional de música,
al menos 2 horas y media, con una versión memorable
de Awaken, para mi superior a la del disco. Músicos
de una edad parecida, si no superior, que mostraron un interés
y una pasión que eché en falta en Kansas. Aun
así el concierto mereció la pena, pero nos deja
con un cierto nivel de frustración: estos señores
lo pueden hacer mucho mejor.
Y
el segundo, la falta de salas de concierto dignas en la candidata
a ciudad olímpica en 2012 (y en 2016 o 2020 seguramente).
Aquí, lo que más interesa, salvo honrosas excepciones,
es la actividad de discoteca y por eso a las 23.00 todo tiene
que estar despejado y vacio de melenudos y gentes de mal vivir.
Parece que no hacemos suficientes consumiciones en barra.
Recuerdo, a propósito de esto, el primer concierto
de Arena en la sala homónima donde les impidieron tocar
un bis. También en Arena (la sala) el concierto de
Mum (un grupo islandes), empezó a la improbable hora
de las 20.00 un viernes de finales de mayo. Se entiende entonces
como otros conciertos en la Riviera en días de diario
en otoño o invierno como los de Vargas Blues Band,
Joe Satriani (miércoles) o Sigur Ros (jueves) acabasen
pasadas las 24.00. No hay discoteca que abrir..., se puede
tratar a estos tarados rockeros como personas y no echarles
del local barriéndolos casi literalmente junto con
los vasos de plástico.
Por
las características de la sala este horario tan temprano
hace que los conciertos en verano sean particularmente incómodos
y hace temer lo peor de citas como la de Peter Frampton o
Jethro Tull en el mes de julio. No tiene porque ser gran problema
el horario, apropiadamente anunciado, si luego el local tiene
unas mínimas condiciones.
Para
terminar, un dato positivo: en la Riviera hay un pequeño
chiringuito donde venden bocadillos. Tienen un precio ajustado
y el personal que atiende el negocio es francamente amable.