Saga
en el London Astoria 2
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El concierto se anunciaba
como "El primer show en el Reino Unido después
de 10 años", con lo que la expectación
en la ciudad donde tan grandes éxitos habían
obtenido años atrás era mayúscula.
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Tras
más de 10 años de ausencia de escenarios
británicos, Saga volvían a Londres
con la formación clásica, la que les vió
florecer hace ya más de 20, y que por otro lado
es la que también ha grabado su más reciente
trabajo "Full Circle". Era pues una
noche de reencuentros, de observación mutua entre
grupo y público para comprobar que el tiempo
no pasa en balde, aunque al decir verdad parecía
haber incidido más en la concurrencia que en
la propia banda, ya que eran mayoría los jóvenes
padres de familia rondando los cuarenta, y con la cabellera
ya "tocando retirada". Y es que dificilmente
pueden haber nuevas generaciones en un concierto de
Saga, cuando parecen lamentablemente desterrados
de revistas especializadas y emisoras de radio.
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Con
el show todavía por comenzar y el escenario en penumbra,
se podían apreciar sobre él cinco pares de teclados
en sus respectivos atriles, que llamaban la atención
entre otras cosas porque relegaban a la batería a una
escondida esquina. Se podía percibir una gran expectación
entre la gente, había verdadera hambre de Saga.
Así que cuando arrancaron motores con "You´re
Not Alone" hubo una generalizada rendición
al grupo, que después de "The Flyer" y
al cabo de tan sólo dos canciones, dejaban muy claro
quienes eran y porqué a pesar de tanto inconveniente
promocional siguen siendo absolutamente grandes. El año
anterior habían estado tocando en Alemania ante 40.000
personas, ahora lo estaban haciendo en un lugar tan reducido
como el London Astoria 2, pero la entrega y el compromiso
con sus fans era el mismo, si cabe mayor, dada la comunicación
que se produce en lugares de este tamaño. El sonido
era increible; macizo y limpio al mismo tiempo. Se podía
apreciar cada nota de cada instrumento. Destacando el trabajo
de Ian Crichton, un guitarrista con personalidad propia,
una de las señas de identidad del sonido Saga.
Crichton se introducía permanentemente entre
las melodías de teclados y la sección rítmica,
para aparecer recortando de forma explosiva figuras musicales
como Brian May hacía en Queen, pero con
el estilo del Gary Moore más efectista de su
buena época. Aunque al decir verdad, buscarle comparaciones
después de más de dos décadas rockeando
suena algo ridículo. Lo cierto es que muchos guitarristas
destripa-riffs no suenan con la energía, y por supuesto
la clase, que lo hace Crichton.
Por
otro lado, con un absoluto control de todas las disciplinas
del directo, Michael Sadler mostraba sus habilidades
vocales en todo su esplendor. En un despliegue de transparencia
y potencia, subía a los agudos y luego bajaba a los
graves sin apenas esfuerzo. Todo un portento. Se hizo imposible
hacer hueco para todos los clásicos de la banda, alguno
quedó en el tintero, pero pudimos disfrutar de favoritas
como "Don´t Be Late", "How
Long" y "You And The Night", ésta
interpretada en versión acústica, con el escenario
en penumbra y con todo el grupo sentados en sus respectivas
banquetas. Mientras que en un alarde de vivir plenamente en
el presente, el novedoso album "Full Circle"
hacía acto de presencia con nada menos que seis temas,
de los cuales el que despedía el show antes de los
bises,"Goodbye", sonó realmente avasallador,
aunque es complicado individualizar ya que las dos horas de
actuación, que finalizaron con los bises "On
The Loose" y "Pitchman", se caracterizaron
por una línea estable que rayó en la perfección.
Después
de las despedidas nadie del público pareció
entender que aquello había terminado. Como hipnotizados
permanecimos mirando al escenario, conscientes de que semejante
espectáculo no se ve todo los días. Aquella
noche Saga demostraron que la categoría de una actuación
no depende de las dimensiones del escenario sino de la honestidad
y capacidad de los músicos. Sé que a menudo
se dice aquello de "mereció la pena la espera
".
Yo digo que no, que perderse a Saga en nigun caso puede
merecer la pena.
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Rafael Llorente Berreiros
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