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A LA RIVERSIDE DEL MAR, ALGUNA ANEKDOTEN Y LA PREMIATA
 
 

Soy una de las muchas personas que, después de estar superenganchados con las míticas bandas de los 70 abandonaron el tinglado a mediados de los 80, harto de no encontrar grupos a la altura de aquellos primeros. Desde entonces sólo me he alimentado de los pocos nuevos lanzamientos de los pocos clásicos que todavía se mantenían vivos. Mucha hambre en definitiva. Ahora se que por aquellos tiempos existían bandas como IQ y que luego en los 90 se produjo una explosión impresionante de grupos. De todo esto me empecé a enterar hace muy poco, sobre el año 2002 (sic), y desde entonces no dejo de admirarme de la existencia y de la supervivencia de este frondoso mundo musical que desde muchos años antes ya existía y que era totalmente desconocido para mi. Como prueba un botón: en el año 2000, en la nefasta sala “La Riviera” de Madrid, actuaron Dream Theater taloneados por Spock Beard. ¡Quién tuviera la oportunidad de ver esta actuación ahora! Entonces para mi este concierto pasó totalmente desapercibido (a lo mejor vi el cartel y no le presté atención).

Ahora, gracias al bendito y santo Internet, esta explosión va siendo conocida por mucha más gente aunque siga siendo minoritaria, pues ya sabemos que los mass media, o no se ocupan del tema o, lo que es peor, cuando lo hacen tratan al progresivo como música complicada para gente rara, cuando no lo despachan sin más como “una mala copia de tal o de cual”. Ignorantes. A resultas de todo ello este mundo del progresivo avanza a pasitos con la publicidad del oreja a oreja y de los sitios especializados de Internet.

Viene todo lo anterior a cuento para “justificar” que este Tiana del 2006 sea mi primer Tiana. Joer, es que no doy abasto descubriendo nuevos grupos, nuevos discos, lugares y sitios emblemáticos. El año pasado descubrí el Minnuendo de Peralta (Navarra) del que hice una pequeña reseña en este mismo web. Este año tocaba “El Tiana” y a eso vamos.

Qué duda cabe que lo que empuja a hacer kilómetros de carretera y gastarte una pasta para desplazarte desde Alcalá de Henares, que es desde donde acudía yo, es evidentemente la calidad del cartel. El plato fuerte de esta edición era la “Galardonada Panadería Marconi”, PFM para los amigos, uno de los grupos de progresivo más importantes que ha dado este tipo de música. Un clásico al que sí que he medio seguido desde sus comienzos. Teniendo en cuenta que los organizadores ya consiguieron a Le Orme en ediciones anteriores, a estos chicos de Tiana sólo les falta el Banco del Mutuo Soccorso para hacer el trío de ases del progresivo italiano, con todos los respetos a La Maschera Di Cera, The Watch, Finisterre o C.A.P, que ya pisaron las cuestas de Tiana otros años. Y lo cierto es que la PFM fueron los que más se hicieron esperar.

No sé si las entradas se agotaron pero lo cierto es que el aforo del Teatro Albeniz estaba casi completo. Mucho público y de muy distinta procedencia. Aparte del público catalán, el más numeroso obviamente, destacaba un nutrido número de franceses. También pude distinguir caras conocidas del Minnuendo de Peralta (Navarra), ya cercano a su tercera edición. El recinto se quedó pequeño para todos los asistentes pues fuera del oasis de la pequeña terraza o patio exterior del Teatro no había, que yo sepa, más oferta de “bebenda” y “comenda”, si descontamos un solitario bar en la plaza del Ayuntamiento a poco más de 5 minutos pero que cerró tempranito para así estrechar el cerco. Así es que resultaba un tanto difícil hidratarse convenientemente, por no mencionar el conseguir una de las disputadas sillas que se esparcían por el pequeño patio, siempre ocupadas (joer, ¿a qué había venido toda esa gente que se quedaba fuera?). En la terraza se había instalado además un pequeño tenderete de surtidos discos de progresivo atendido por franceses, junto a las mesas del merchandising de los tres grupos. Si a ello añadimos que hacía calor, el ambiente fue un poco agobiante.

El festival empezó puntual con Riverside a las seis de la tarde. Este grupo polaco es, sobre todo, un prodigio de composición. No me cortó el hecho de que hacía apenas tres semanas antes los había disfrutado en Ritmo y Compás en Madrid. Me apetecía volver a verlos y revivir los buenos momentos de entonces. El concierto fue clavado al de Madrid y no hizo mas que confirmar que en su música no hay trampa ni cartón. Lo que suena en disco es lo que suena en directo. Buenos músicos interpretando las buenas canciones de sus únicos tres trabajos “Out of Myselt”, “Second Life Syndrome” y el EP “Voices in My head”. Con sólo dos discos y medio en el mercado se han metido en el bolsillo tanto a los viejos progrers como a los nuevos...esa creo que es su gran virtud. La primera vez que los oyes sus canciones evocan a otro grupos (la mención de Porcupine Tree o Pink Floyd es obligada) pero a medida que los machacas se desprenden de esas influencias y crean ambientes y sensaciones nuevas. El resumen es que recuerdan a muchos pero finalmente suenan, y muy bien, a ellos mismos.

Sin embargo la banda debe mejorar mucho sobre el escenario, pues al igual que en Madrid, parecen figuritas clavadas a las que se les ha prohibido salirse del metro cuadrado que les circunda. Además, en su actuación, no tienen ningún juego con el público, ni fardean sobre el escenario, cuando podrían hacerlo perfectamente pues son unos músicos excelentes. En resumen, sobre la platea no se despegaron del frío polaco. No obstante, estos chicos acaban de asomar la cabecita y con el tiempo y más tablas es de esperar que enriquezcan su actuación con algún que otro “numerito” que siempre se agradece en un directo. Yo estaré allí en la próxima para comprobarlo.

Por lo demás, desgranaron su trabajos anteriores con precisión matemática, con la única innovación apreciable del tema con el que comienzan su actuación y en el que meten una mini versión del "Shine On..." de los Pink Floyd. El sonido durante todo el concierto fue bueno, salvo las teclas, pues no sé si fueron buenas o malas pues no se oyeron en todo el tiempo (¿le habría hecho algo al técnico de sonido?). Es una pena pues en disco los ambientes y adornos de los teclados enriquecen sobremanera el conjunto. Por lo tanto no puedo decir si tocó bien o mal.

En cuanto al resto de los miembros de la banda, tenemos a un batería potente con pinta de tabernero de Dublín que hace muy bien su trabajo. El guitarra Piotr Grudziński estuvo en la línea Gilmour, nada de virtuosismo y mucho climax y sentimiento. A mí me gustó si bien comprendo que a otros puede parecerles aburrido. Cuestión de gustos. El único toque de “calor” por su parte es que hizo toda su actuación vestido con una discreta camiseta del Barcelona, equipo del que era muy aficionado, por lo que habría disfrutado de lo lindo esa misma semana en la final de la Champions. El bajista y vocalista Mariusz Duda es clavado a la foto de Mike Oldfield en la portada del "Ommadawn". Este tipo recorre el mástil de su bajo con gran soltura para llenar la extraordinaria base rítmica de sus canciones, mientras que no canta nada mal. Afortunadamente, los sonidos guturales, los justitos para aclarar la garganta y beber un trago de agua. Fue el más aplaudido en las presentaciones de rigor.

Tras hora y media de concierto y con el público jaleando al grupo, el regalo de dos bises finales y muchos aplausos. Después, todo el mundo fuera del teatro para dar tiempo a la preparación del siguiente grupo, lo que se agradeció especialmente pues dentro de la sala abarrotada hacia ya bastante calor.

Los suecos Anekdoten aparecieron sobre el escenario cuando todavía quedaba mucha gente al fresquito del exterior, mucha de la cual permaneció allí todo su concierto. Este grupo para mí era el más desconocido, si bien me llamó la atención su disco "Gravity" y su tema estrella que fue de los primeros que tocaron. Aparte de los temas más movidos de este estilo y, con todos los respetos a los más aficionados a este grupo, a mi personalmente la sucesión de ruiditos y riffs del guitarra, y la omnipresencia del fémino mellotron para arropar, “en todos los temas”, atmósferas muy parecidas, me resultó un tanto aburrida, por monótona. Y no sólo a mí, a juzgar por el hecho de que a medida que avanzaba su actuación la sala fue vaciándose, e incluso alguno/a que otro/a aprovechó los temas más tranquilotes, que fueron muchos, para echar una cabezadita aprovechando las escasas sillas que rodeaban el perímetro de la sala. Los recordaré por sus discos "Gravity" y "Nucleus", no por su actuación de directo, que no fue en mi opinión buena, como lo prueba el hecho de que al final de su actuación sólo se oyeron algunas tímidas peticiones de bis con origen en las primeras filas, pero, al no ser secundadas, murieron rápidamente. Y sin bis... de nuevo todos fuera del Teatro a abalanzarse sobre las nutridas barras.

Mientras tocaban los Anekdoten parece ser que en el exterior del Teatro, donde había más gente que dentro, aparecieron los miembros de la PFM y, según me contaron, se armó un pequeño revuelo. Realmente eran los que habían atraído a más gente esa noche. La PFM se hizo esperar bastante. Desde el exterior se oía como preparaban los bártulos con ayuda curiosamente de algunos pasajes del "Tarkus" de ELP que me hizo pensar que quizás lo tocaran versionado...pero no...finalmente “tutto italiano”. Cuando ya eran más de las 11 de la noche (una hora de retraso sobre lo anunciado) se abrieron las puertas y, esta vez sí, no se quedó nadie fuera.

Se notaba desde el primer momento que la PFM había venido a lucirse y...vaya si se lució. La formación del grupo era la fetén (si descontamos a Pagani que ya lo abandonó hace mucho tiempo) y entre ella sobresalieron esa noche Franco Mussida y Franz di Cioccio, sin desmerecer al extraordinario bajista Patrick Djivas. Lo del sustituto de Flavio Premoli, el teclista, es punto y aparte porque, ¿a quién se le ocurrió situar el teclado justo detrás y tan cerca de Mussida? Me cambié de sitio con dificultad un par de veces y nada, no hubo forma de ver bien al teclista. Afortunadamente pude oir su Hammond. Acompañaban al grupo un violinista, que también reforzaba las teclas en momentos sublimes, y otro batería, que ocupaba el puesto de di Cioccio cuando este cantaba.

Los “numeritos” que antes decía yo que les faltaban a Riverside aparecieron ahora sobrados de la mano del batería di Cioccio, todo un showman del directo. Luciendo un tipito de rumbero y una extraordinaria forma física, pese a sus 60 años de edad, se le pudo ver aporreando la batería con saña bien temperada. Pero lo más espectacular fue que dejó frecuentemente este puesto siendo reemplazado al instante por el batería bis, que no se sabía de donde había salido pues el fondo del escenario estaba a oscuras. Entonces di Cioccio cogía el micrófono, se desgañitaba, atacaba el frente del escenario, se movía frenéticamente hasta subirse el altavoz central del escenario para, desde esa ganada altura, provocar la complicidad del público entregado, mientras la música de cualquiera de los grandes temas de esta banda se desparramaba desde el suelo hasta el altísimo techo del Teatro ayudada por efectistas juegos de luces. Espectáculo de luz y sonido a gran volumen que le metieron a uno en el cuerpo otra dosis de momento irrepetible, esos de los que están hechos los recuerdos.

Y ahora vamos con “El Mussida”, que esto del artículo en catalán delante de las personas no es como en castellano, signo de paletez, sino fíjate, de todo lo contrario...pues yo he oído hablar con la mayor impostación a cultos catalanes de “El Gaudí” sin ir más lejos. Pues Franco Mussida estaba también de lucimiento. Esta vez más comedido, como corresponde a un malabarista de las cuerdas. Pese a algunos problemas técnicos que pareció tener, nos deleitó con momentos sublimes tanto con la acústica como con la eléctrica, y con un solo magistral y que me pareció nuevo o al menos no pude colgar de ningún tema conocido. Esto era lo que faltaba para encender aún más al acalorado personal, al que le faltaron manos para aplaudir al maestro. Si no a hombros, Mussida salió del recinto con un buen ganado artículo catalán delante de su apellido. Hasta el punto de que no hubo reparos en vociferar ¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco! y, si no fuera por lo que es, seguro que esta terna se habría oído muchas más veces esa noche.

Como el repertorio de la PFM recorrió todos sus grandes temas clásicos (a estas alturas hay que decir que es lo que todos esperábamos que hicieran en Tiana), oir los acordes del "River of life" (la única canción que cantaron en inglés), del "Out of Roundabout", de "La Carrozza di Hans", "Il banchetto", los momentos intimistas de "Dolcissima María", el homenaje del "Maestro della Voce", etc...etc… fue un auténtico placer para los sentidos.

Y para rematar, no podía faltar en los bises la traca final del “E festa-Celebration” con un di Cioccio haciendo participar constantemente a todos los presentes. Pese a la insistencia no hubo más y todo terminó con un gran sabor de festival. Un grandísimo concierto que no defraudó a nadie. Gracias Premiata.

Una de las ventajas de los amantes de este tipo de música es que, al ser tan pocos, siempre se está como en familia. Yo pude intercambiar opiniones sobre grupos y obras con otros desconocidos que a partir de ese momento dejaron de serlo. Otros aprovecharon para comprar discos y algunos para intercambiar rarezas vinílicas. Punto y aparte es poder hablar (bueno, al menos chapurrear) con los músicos que admiras antes y después de la actuación. En este sentido ya en Madrid los miembros de Riverside se mostraron totalmente accesibles a todo el mundo, firmando discos, posando para fotos, departiendo con gusto con quienes se acercaban a felicitarlos. Todo ello se repitió en Tiana con la misma simpatía. Realmente de todos ellos puede decirse que les acompaña la sencillez y humildad que suele estar presente en los grandes artistas. Un encanto de personas.

Todo lo contrario tengo que decir de mi admirado por otras cosas Mussida, que iba un poco de estrellita. Al final del concierto, después de más de 7 horas de festival, todavía quedamos muchos a la espera de que saliera del Teatro para pedirte algún autógrafo o simplemente para intercambiar algunas palabras con él. Lo que sucedió es que simplemente dejó a algunos con el bolígrafo en la mano y a otros con la palabra en la boca pasando olímpicamente de todos indicando que iba a dejar la guitarra al miniautobús que estaba a 20 metros y que volvería enseguida (“Arrivo subito”). Después de una larga espera me quedé con las ganas de practicar mi italiano y opté por marcharme...realmente “un bel po bugiardo questo Mussida”. No sé, a lo mejor después regresó y todo fue distinto y se unió al resto de su grupo que cañeaba con los presentes. Evidentemente, después de más de 30 años en el tinglado, es comprensible que esté de vuelta de todo y, con su edad, realmente con ganas de descansar después de una larga actuación, pero dos autógrafos y un saludo no le hubieran llevado más de un par de minutos.

La organización del Festival fue muy buena, aunque con el éxito de público habría que ir pensando en ampliar espacio de alguna forma para ediciones futuras. Se nota que estos de Barcelona, si bien en otras cosas van por la segunda, esta era la octava. Bromas aparte, al comienzo te pegaban una pulserita de color naranja chillón en la muñeca que te permitía entrar y salir a gusto del Teatro sin ningún problema. Con las muñecas uniformes parecía aquello la convención de una secta, pero indudablemente de las buenas. Muy a gusto en ese cachito de Tiana y, en general, en los dos días que pasé entre catalanes gracias a la excusa del Festival. Por ello no queda más que felicitar a los organizadores por brindarnos la oportunidad de vivir tan buenos momentos. Lo único es que en las presentaciones eché en falta alguna mención a los que veníamos de lejos expresamente para el evento, que hubiéramos merecido, quizás, algún pequeñito “apunte” en castellano (o en francés).

 
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Tomás García Luis - Mayo 2006
 
 
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© Copyright LOS RECUERDOS DEL UNICORNIO - Mayo 2006

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