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Los Recuerdos del Unicornio
   
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Force Rock (Luis Berreiros) World Music (Paco López) La Caja de Música (Alberto Pazo) La Caja de Música (Rafa Tintoré)
 
     
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Publicado en FORCE (Noviembre 2001)
 
     
  Luis Berreiros y Paco López  
   
     
 

El pasado miércoles 17 de octubre, tras un proyecto de concierto frustrado con motivo de la gira de presentación de su "Space Revolver", The Flower Kings volvían a Madrid. Así es, probablemente la banda más creativa del nuevo progresivo, visitaba de nuevo nuestra ciudad. Su peso específico había crecido desde aquel mes de Septiembre del 99 en que por primera vez visitaran nuestro país. Entonces el concierto en la conocida sala Caracol cubrió las expectativas de la audiencia que allí se congregó. Y nuestra ilusión y confianza estaba en que esta vez, como mínimo, la historia se repitiera. Pero no fue así. Dos años atrás habían establecido un elevado listón. ¿Qué pasó esta vez? Pues que, contra pronóstico, superaron con creces su marca española.

Lo que la banda venía a presentar en este su único concierto en nuestro país -esta vez no hubo Barcelona ni un programado Rota-Prog retrasado a última hora por causas mayores- era su último trabajo "The Rainmaker". Críticas de todo tipo sobre este trabajo presidían los prolegómenos del evento. Algunos piensan que la banda se ha hecho más comercial, otros que es su mejor disco. Opiniones contrapuestas, como siempre, pero un denominador común: la calidad. Nadie es capaz de rebatir este extremo.

La expectación fue máxima y a pesar de ser día laborable, Madrid recibió a gente de La Coruña, Burgos, Palencia, Bilbao, Zaragoza, Barcelona, Almería, Granada y Málaga ¡Admirable y asombroso! Así, para el concierto, se reunieron en la sala Ritmo y Compás unas 240 personas, cifra adecuada para la organización porque permitía cubrir gastos, pero que a la misma organización dejaba el ya conocido regusto amargo que supone el pensar en el limitado poder de convocatoria de una banda que, por calidad, habría podido llenar un estadio si hubiesen surgido en otra época que ya nos parece muy lejana.

Con una media hora de retraso -hemos de decir que por decisión de los propios músicos que optaron por relajarse antes de la descarga- y con introducción clásica -lo único pregrabado de toda la noche- al estilo de las macrobandas sinfónicas de los 70, los 5 miembros pisaban el reducido escenario de Ritmo y Compás. Comenzaron con el mismo tema que abre su último trabajo, "Last Minute on Earth", y la perfección del sonido que ya se adivinó desde ese momento, hacían pensar en que podría ser una gran noche. Y vaya si lo fue. Una audiencia absolutamente entregada asistió a lo largo de más de dos horas y media a lo que fue para muchos uno de los mejores conciertos de los últimos años, un concierto de ROCK, con mayúsculas, sin etiquetas, con una pureza de sonido sorprendente para la complejidad musical de estos 5 fenómenos. Un 10 a los técnicos de sonido, tanto al de la sala como al que esta vez traía la banda, meticuloso hasta límites casi enfermizos (afortunadamente).

Respecto al repertorio, debemos admitir sin ningún género de duda que no fue nada complaciente. Tan sólo una concesión a su pasado más clásico y ni una sola a temas más "fáciles" o "asequibles". Parte de la audiencia echó de menos estandartes de la banda como "The Flower King", "Church of your Heart" o "Judas Kiss", que en esta ocasión fueron sustituidos por el ya mencionado "Last man on earth" (The Rainmaker), por una casi completa interpretación de "Garden of Dreams" (Flower Power) -que cubrió de largo mas de una cuarta parte del total del concierto, eso sí, con ovaciones periódicas dentro del prolongado metraje de la canción - por "Serious Dreamer" (The Rainmaker), que incluyó improvisación magistral a cargo del siempre genial bajista Jonas Reingold e interesante solo de batería del "nuevo", el joven batería húngaro Zoltan Csörz, por el tema más duro de su nuevo repertorio, Road to sanctuary (The Rainmaker), para cerrar el concierto con I am the sun (Space Revolver). Tan sólo 5 temas en dos horas dan medida de esa complejidad de la que hablábamos.

Un solo "bis" completó la actuación, pero qué "bis". La concesión a su brillante y admirable pasado: la versión completa de "Stardust We are", en este caso, sí, uno de los temas mas queridos por su público, que incluyó el mágico momento del sólo minimalista de Tomas Bodin, que, literalmente, nos ofreció su corazón en forma de latido de pulso firme, acompasado y musical. Tras los saludos pertinentes y el agradecimiento a los presentes, se retiraron al camerino. Pero el público enloquecido quería más y no se movió de sus sitios, esperando la vuelta al escenario de los músicos. Con cuentagotas, fueron apareciendo todos excepto uno, "el jefe", un agotado Roine Stolt que permanecía repachingado en el sillón del camerino, exhausto, y que nos confesó que físicamente le era imposible tocar un solo tema más. Tras esto, los músicos, de una sencillez aplastante, mantuvieron hasta su retirada del local una intensa relación con sus fans.

Para cerrar esta crónica merece la pena repasar músico a músico lo que cada uno de ellos nos mostró esa gran noche, al margen del virtuosismo que ya no tienen que demostrar. Destacamos la presencia de un jovencísimo Zoltan Csörz, nuevo batería que demostró -a pesar del pequeñísimo margen de convivencia con la banda (era su tercer concierto con ellos)- un acoplamiento cuasi perfecto a la maquinaria Flower Kings. Podemos esperar en el futuro grandes momentos con él y su entusiasmo. Tomas Bodin, que faltara en el anterior concierto madrileño, destapó el tarro de sus esencias a los teclados, y nos demostró que disfrutó de este viaje más allá de lo estrictamente musical. Jonas Reingold estuvo magnífico al bajo, con su característico estilo a lo Jaco Pastorius, aunque tuvo problemas de espacio -su habitual extroversión en el escenario se vio cohibida por las reducidas dimensiones- Hasse Fröger nos mostró que está en un envidiable nivel vocal y su actitud personal fue la que más radicalmente varió con respecto a la cita anterior. Mucho más abierto y participativo, fue el que más se movió en escena. Y, cómo no, dejamos para el final la siempre imponente y clarividente figura de Roine Stolt al frente de una banda que ciertamente está rompiendo moldes, tanto en estudio como en directo.

(Octubre 2001)

 
     
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En RADIO 3 con Carlos Pina
 
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En los pasillos de RADIO 3
 
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También a los jóvenes les gusta Flower Kings
     
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Publicado en WORLD MUSIC (Noviembre 2001)
 
     
  Paco López y Luis Berreiros  
   
     
 

Es alarmante la carencia de conciertos de rock progresivo que se celebran en nuestro país. Y es una pena, pues esta compleja música se disfruta de manera especial en este contexto. Por eso es un inexcusable pero placentero deber acudir a cualquiera de estos "selectos" eventos cuando se producen. Y eso fue lo que ocurrió el pasado miércoles 17 de octubre en Madrid. Uno de los grupos de obligada referencia cuando hablamos de progresivo de nueva generación, los suecos THE FLOWER KINGS, tuvieron a bien parar en Madrid para presentar, en un único concierto en España, su último y recién estrenado trabajo THE RAINMAKER, uno de los mejores de su carrera gracias al sabio equilibrio entre los momentos más comercialmente aperturistas y los de más puro y arrollador progresivo de calidad, suficiente para contentar a todos los públicos.

Y, como era de esperar, disfrutamos. Y mucho. En un intensísimo concierto de más de 2 horas y media, el quinteto que lidera esa inagotable máquina musical que es el guitarrista y compositor Roine Stolt - trotamundos infatigable que está recorriendo doblemente el mundo, primero con su banda original y después como cuarto vértice del aclamado proyecto Transatlantic- arrasó con su impresionante y compacto directo. Tablas, todas las del mundo, para una banda que ha recorrido kilómetros. Todos los del mundo.

Para la ocasión eligieron un repertorio nada complaciente -tan sólo 6 temas 6 dan la medida de esa intensidad incontestable- que comenzó con "Last minute on earth", que también abre su último trabajo. Sin piedad, apabullaron con casi 47 minutos de puesta en escena de esa joya progresiva cargada de matices que es "Garden of Dreams (FLOWER POWER)". Y sin respiro, desgranaron los otros dos pilares en los que se apoya The Rainmaker, "Serious Dreamers" y "Road to Sanctuary". El primero de los dos sirvió de base rítmica para que se luciera en solitario la pieza fundamental del directo y del nuevo sonido de la banda, el espectacular bajista Jonas Reingold -tremenda la "jam" con apariencia de improvisación jazzística que se marcó junto al teclista Bodin y que remató brillantemente la joven batería del "nuevo", el húngaro Zoltan Csörz que se estrenaba en esta gira- Cerraron el concierto con "I am the sun" en una versión mucho más fuerte que la original que incluye su infravalorado SPACE REVOLVER. Y tras ello un bis histórico que difícilmente olvidaremos los que abarrotábamos la sala, la única concesión a su pasado más clásico, la versión completa de su mejor obra "Stardust we are" con momentos deliciosamente exclusivos: los dedos mágicos del genio de las teclas Tomas Bodin nos transportaron a ritmo del latido de su corazón a un mundo onírico e increíble y fue sólo la magnífica voz de Hasse Fröberg la que nos rescató de ese sueño para culminar en unos agudos inalcanzables. La catarsis colectiva fue antológica y, tras retirarse a los camerinos, la ruidosa fidelidad de la parroquia les hizo volver a salir a todos, no para tocar, sino para pedir perdón por no tener fuerzas físicas para tocar más y para mostrar su admiración hacia un público que les había sorprendido por su pasión. De ahí, al autobús y, sin descanso, a continuar su gira por Francia y el resto de Europa. Admirable.

Radio Enlace, que es quien firmaba la organización, debe felicitarse por el éxito de un concierto de los que crean afición y los asistentes sólo debemos desear que esto no sea un hecho aislado, sino la luz al final del túnel, o, cuanto menos -moderemos el optimismo- un nuevo oasis placentero que nos ayude a salir del desierto.

(Octubre 2001)

 
     
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Con algunos amiguetes
 
 
 
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Relación músico-fans
 
 
 
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Por amiguetes que no sea
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
     
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Publicado en LA CAJA DE MUSICA (Noviembre 2001)
 
     
  Alberto Pazo Labrador  
   
     
 

Hola amigos. Escribo después de dejar pasar unos días y de sedimentar lo que tuve ocasión de presenciar el pasado 17 de octubre en la sala RITMO y COMPÁS de Madrid. Volvían los Flower Kings a España, en este caso sólo a Madrid, traídos por el buen hacer -como siempre- de Paco López y Luis Berreiros, de los Recuerdos del Unicornio,en Radio enlace. Venían a presentar su nuevo disco "The Rainmaker", del que Roine Stolt decía que sería más heavy y comercial que los anteriores. En aquellos momentos apenas había oído alguna que otra canción de dicho disco con lo cual iba con ciertas reservas respecto a lo que se podría escuchar. Adelanto ya aquí que esas reservas se difuminaron en seguida y que el espectáculo al que asistí fue mágico y sublime, inolvidable para un buen amante del progresivo.

Vayamos por partes. El comienzo del concierto tuvo lugar con un pequeño retraso, pero como la sala es pequeña y tiene varias barras, la espera no se hizo larga. La sala estaba casi repleta de fans de los Flower (entre 250 y 300 personas, predominando los treintañeros) en un ambiente de expectacion. El escenario está a dos pasos de cualquier lugar que te coloques por lo que el concierto daba la impresión de que iba a tener un tono casi familiar, como de reunión de amigos. Al apagarse las luces comienza a sonar una melodía conocida: ¡es Wagner!, exclamaron algunos al reconocer "La Danza de las Walkirias", que creo que viene como bonus en la edición limitada del ultimo CD. Sobre ese fondo entraron los cinco miembros del grupo encabezados por un sonriente Tomas Bodin al que echamos de menos en el anterior concierto, y vestidos con unos trajes de lentejuelas floreados de lo mas llamativo. Igualmente llamativo el nuevo batería, el jovenzuelo Zoltan Csörsz, con una cresta rubia de pajaro loco que le daba un aspecto de lo más simpático. Roine Stolt serio y sobrio como siempre, con gafas, Hasse Froberg con una llamativa perilla y Jonas Reingold con el pelo crecido pero con la misma pinta de gamberro que en la anterior ocasión. Adelanto ahora tambien que el concierto duró nada menos que dos horas y media y que el total de canciones fue de seis, con lo cual podéis imaginaros el carácter avasallador, abrumador y potente de lo que allí pudimos escuchar.

A la introducción comentada le sucedió sin solución de continuidad un tema del nuevo CD, precisamente el que lo abre "Last Minute of Earth", absolutamente impresionante en su potencia, donde el bajista y el batería brillaron a gran nivel y la voz de Hasse adquirió un protagonismo que fue creciendo a lo largo de todo el concierto (y también en el disco). El sonido fue perfecto, se oían nítidamente todos los instrumentos - incluso la pandereta y las campanillas tubulares - y a un volumen razonable para las dimensiones de la sala, lo que permitió saborear los diversos ambientes que el grupo consigue. Ello quiere decir que el grupo trajo un ingeniero de sonido para una puesta en escena más cuidada quizás que la vez anterior. Los teclados de Bodin sonaban poderosos, a pesar de que sólo tenía dos unidades y un mezclador con los que hacía verdaderas diabluras. En seguida se pudieron apreciar las diferencias con su sustituto ocasional Robert Engstrand: si éste era un teclista excepcional perfectamente adaptado a la idiosincrasia del grupo, Bodin es un auténtico maestro capaz de encender un cigarrilo mientras toca y mirar con cara de gamberro al público al cual vaciló constantemente, mientras sus dedos bailan sobre las teclas a una velocidad increíble. Su sonido es en esencia más potente y expansivo, con mayor riqueza de matices y consiguiendo todo tipo de efectos cuando el tema lo requiere.

Le siguió la sublime "Garden of Dreams", de las partes 1 a la 13 y la 17 y 18, pero con múltiples improvisaciones como en el caso de "Business Vamp", donde el grupo se descolgó hacia el jazz rock a una velocidad endemoniada. En conjunto, la versión fue mucho más vibrante que la que pudimos escuchar en el año 99, y donde se pudo apreciar que Zoltan no hizo que echásemos de menos a ese gran batería que es Jaime Salazar. Jonas hacía bailar sus dedos de una forma mágica y Hasse hacía la segunda guitarra a Roine, que manejaba las cuerdas de una manera magistral. En el 99 hubo momentos en que su guitarra desgraciadamente no se oía; esta vez no perdimos detalle. Es uno de mis temas favoritos del grupo y no puedo ser objetivo: sencillamente geniales.

A continuación un nueva canción del último disco, la deliciosa "Serious Dreamer", un tema muy Yes y con un estribillo muy pegadizo que no me quité en toda la noche de la cabeza; cuando días después lo oí en el disco me hizo vibrar. En medio, un espectacular solo de bajo de Jonas Reingold mucho más elaborado que el que ofreció hace dos años pero con las mismas dosis de genialidad y vacile que entonces, algo que el público le recompensó generosamente; y un solo de bateria de Zoltan: ¡que solo amigos!. Si este muchacho toca así con 24 años, ¿cómo lo hará dentro de 4 o 5 cuando esté asentado en el engranaje del grupo? Es seguro que este grandísimo músico dará que hablar. En esos momentos no creo que nadie se acordara ya del bueno de Jaime Salazar. Y a todo ésto, los demás miembros del grupo fuera del escenario, a excepción de Tomas Bodin que encendía un nuevo cigarrillo y bebía plácidamente una cerveza. La ovación final fue antológica.

"Road to sanctuary" fue la siguiente canción, perteneciente también al último disco. Es un tema buenísimo, con un final épico que mostró de nuevo el poderío de los teclados de Bodin y el virtuosismo de Roine, que hasta esos momentos permanecía tan concentrado y relativamente frío como siempre. De nuevo la voz de Hasse sobresalía por su delicado timbre, alcanzando unos agudos destacadísimos.

Y por ultimo "I am the Sun", una síntesis de la primera y la segunda parte. No sé, este tema fue de los mas aplaudidos, pero a mí me pareció un poco menos fuerte que los anteriores, no sé si porque el grupo estaba cansado o porque es una canción que a mí no acaba de convencerme. Lo de que estaban cansados os puede parecer increíble pero es que hay que sumar los casi 15 minutos del primer tema, los más de 30 del segundo, y los más de 15 del tercero y del cuarto, ademas del hecho de que el día anterior habían tocado en Francia.

La ovación fue estruendosa al finalizar, no obstante - con un viva España incluído de Jonas -, y todos pedimos insistentemente más. A los aplausos le siguio un "oe-oe-oe" coreado por todos que hizo que los cinco volvieran al escenario y van los tios y se ponen a acompañar al público improvisando de una forma cachonda lo que provocó el delirio. Roine tomó el micrófono y dijo algo así como que estaban cansados y necesitaban irse a la cama, pero concedió un bis. Pero que bis, amigos. Nada menos que la versión completa de "Stardust we Are", un tema que se echó de menos en el concierto del 99 y que por si solo justifica todo un concierto. La ejecución y el sonido fueron perfectos - a pesar de un ligero y molesto fritaje al final, pero a nadie le importaba - y al que ésto escribe, por lo menos, le elevó al séptimo cielo donde habitan las estrellas del título. Por colofones como este vale la pena acostarse tarde, hacer una porrada de kilómetros o lo que sea: alucinante e inmejorable final.

Al terminar les pedimos todavia más, iba ya por las dos horas y media de concierto, pero no pudo ser. Después de abandonar el escenario, salio Tomas Bodin, contemporizador, pidiendo disculpas porque estaban agotados; no obstante llamó uno a uno a los demás miembros del grupo - Jonas Reingold salió comiéndose una manzana, tan pancho - y el único que no salió fue Roine Stolt, que sospecho que estaba destrozado. Después bajaron de la tarima y especialmente Tomas accedió a firmar autógrafos, hacerse fotos, etc., así como el "neofito" Zoltan. En esencia son gente absolutamente sencilla, que saben ganarse a sus fans y dejarlos satisfechos en su afán de escuchar buena música.

En fin, una nueva noche inolvidable con unos músicos que demostraron seguir siendo los mejores y estar en lo más alto y a los que esperamos de nuevo en el futuro. La dicotomía entre las dosis de comercialidad que sabiamente dejan caer en sus discos y el caracter plenamente progresivo de sus conciertos, quedó una vez más de manifiesto. Su creatividad parece no tener fin, disfrutan con lo que hacen y sus conciertos son de lo mejorcito que hay. ¿Se puede pedir más?

Y un 10 para Paco López y Luis Berreiros. Se lo merecen por lo que arriesgan, por su tenacidad, por su buen hacer y por conseguir que disfrutemos de noches mágicas como esta.

Saludos

Alberto Pazo (Noviembre 2001)

 
     
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Publicado en LA CAJA DE MUSICA (Noviembre 2001)
 
     
  Rafa Tintoré  
   
     
 

Ataque de ansiedad en Barcelona, los Flower Kings actúan en Madrid y yo estoy en Barcelona. En el 97 y 99 estuvieron en Barcelona pero esta vez no era así. Pensaba que lo podría superar pero no, a medida que avanzan las horas la opresión crece, acrecentada con las escuchas masoquistas del último disco The Rainmaker, SUPERLATIVO, - después del Space Revolver no me había generado demasiadas expectativas, pensaba que tanta productividad había mojado la pólvora y afortunadamente me eqivoqué-. Decidido, tengo que ir a Madrid da igual cómo, en coche, avión, discover, viaje astral..es una cuestión de salud.

Lo conseguí, son las 20:30 y estoy en Madrid. Sigue la suerte y consigo un hotel cercano a la sala Ritmo y Compas donde se efectuará el concierto. Tiempo justo para dejar las cosas, cambiarme y ponerme feo. LLego justo a la hora del comienzo, 21:30, hay una cola para entrar como de 200 personas, había encargado por teléfono una entrada por lo que voy directo a taquilla. Cuando recojo la entrada y me dispongo a hacer la cola de manera civilizada me dicen que no hace falta, que ya se puede entrar, por lo que me cuelo sin querer. Nada más entrar me encuentro de frente con Tomas Bodin, teclista de la banda, al cual saludo, le felicito por su espléndido disco del 96, An ordinary...., especialmente la fabulosa canción "three wishes" y le pregunto por su nuevo lanzamiento que me confirma que será para Febrero del 2002. Después me posiciono en primera fila y a las 22:00 empieza el espectáculo.

Atención se escuchan las Walkyrias, bonus track de Bodin del Rainmaker (RM), los músicos se van colocando y de golpe Last minute on earth, primera del RM con esos riffs hards y potentes del principio dando entrada a la parte vocal deliciosa de Hasse Froberg, luego la seccion intermedia instrumental flowerkiniana donde ya se detecta la gran aportación al grupo del bajista Jonas Reingold. Ahí está el líder Roine Stolt y Tomas Bodin y la nueva incorporación, el joven batería Zoltan Csorsz, que si bien a mi parecer no estuvo al nivel del excelso Jaime Salazar apuntó cosas buenas dada su juventud. También contrastaba su estética punk con la hippie del resto del grupo.

Roine anuncia la segunda canción compuesta por él y Bodin, la suite Garden of dreams(dawn, simple song, business vamp - impresionante-, all you can see-todo sentimiento la parte del solo de guitarra de Roine, attack of the monster Briefcase-alucinante, Mr Hope goes to wall street- Bodin insuperable-, did i tell you, garden of dreams para romper con dont let the devil in calentando al personal, love is the world - donde ya se vislumbra la gran mejora de armonías vocales donde participan todos menos el batería, conectando con la parte final de la suite Sunny lane, gardens revisited, shadowland y the final deal. ¿ Era el único con piel de gallina? Aproximadamente 45 minutos de pedazo de canción. Tercera canción, ¿Cómo así, si llevamos una hora de concierto? Road to sanctuary del RM. No exagero si os digo que es una de las mejores canciones de Flower Kings de su historia, esa parte intermedia, lírica, suave con esa guitarra espanyola te pone sensible el lagrimal y al que no , no es humano, sentencio.

Cuarta cancion, Serious dreamers del RM, que comienza con ese maravilloso sonido moog, empalmando con unas armonías vocales muy pegadizas, preciosas al estilo del grupo America, acompañados de fondo por wahwahs guitarreros de Roine, le siguen más partes vocales cantadas al unísono por todo el grupo siempre finalizadas por ese sonido moog que te hace emocionar.

Este grupo, excepto con el SR, hace historia con cada nuevo disco que saca. ¿Con cuántos grupos disfrutáis en los conciertos casi más con las canciones que estrenan del último disco que con las antiguas? ¿Qué grupos se pueden permitir renunciar a interpretar canciones de discos como Flower King, Back in the world of adventures o retropolis y no pasa nada?, Ojo que el más antiguo sólo tiene 7 anyos.

Bueno sigamos, la quinta canción es una contundente interpretación de I´m the sun del Space revolver, muy celebrada por el público. ¿Cómo gana en directo?, especialmente esos riffs desgarradores del principio, muy celebrados por todos, sobre todo por el público que rondaba los 20 anyos, La sección intermedia de la primera parte conecta con la sección intermedia de la segunda parte intercalando unos solos acojonantes con perdón del bateria Zors y el bajista Jonas, especialmente este último. También se lució Bodin con su estilo inconfundible al ritmo del pum-pum del corazón.Todos acabamos entregados.

Se acabó el concierto. Pero no, todos queríamos más, mucho más. Roine hacia broma con lo de que es time to bed, aunque alguien del público le contestó que no, que es time to listen flower kins, aunque lleváramos 2 horas de concierto. Momento de encores, bises o bonus tracks. Mujeres pidiendo the flower king, otros the church of your heart, yo pensaba en there is more to this world, pero, no, esta gente extraordinaria no nos iban a dar tregua, ¿qué os parece para acabar un bis como la suite completita de Stardust we are?, Sí, como lo oís. ¡Qué felicidad! ¡Qué éxtasis! ¡Qué medicina única! Me curó el ataque de ansiedad.

Hasta otra amigos cajeros

Rafa Tintoré (Noviembre 2001)

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