Era
una noche de casualidades o de coincidencias. Porque coincidencia
es que toquen dos bandas de corte gótico el mismo día
en la misma ciudad. Porque casualidad es que ambas sean de
ascendencia holandesa, comandadas por cantantes femeninas
y además sean colegas de esos que colaboran los unos
con los otros de vez en cuando. Así que había
que decidirse entre la propuesta de los After Forever de Floor
Jansen, o las esencias góticas rematadas con alfileres
progresivos del nuevo producto de la factoría Arjen
Lucassen (Ayreon), espoleados por la sensualidad mejicana
de Marcela Bovio. Los que se inclinaron por la segunda opción
sabían que aquello sería algo singular. El gran
(por estatura física y musical) Lucassen no es de los
que cambia las carreteras de media Europa subido en un autobús,
por los placeres de su casa campestre en la pradera holandesa.
Pero Arjen quería darle una satisfacción a sus
fans por una vez. Quién sabe si habrá más.
Se arrojó a los escenarios continentales para deleite
de la parroquia de seguidores que ha cosechado con sus proyectos
Ayreon, Star One, Ambeon y ahora Stream Of Passion, a cual
más convincente.
Para
abrir boca la anecdótica presencia en solitario de
Damien Wilson (Ayreon, Threshold, Rick Wakeman…) abriendo
los conciertos de toda la gira. Amigo de Lucassen, partícipe
en numerosas obras de Ayreon, y como demostró aquella
noche, todo un showman de los pies a la cabeza. Resulta complicado
aparecer sobre un escenario armado con una exigua guitarra
acústica y echarle tanto desparpajo, tanto encanto
y sobre todo tanto sentido del humor. Damian podría
hacerle sombra al mejor monologuista del club de la comedia.
Impagable la media hora de canciones cercanas y vaciles continuos
que terminaron con la carcajada generalizada del personal
y con Wilson cantando entre el público, e invitando
a todo el que pillaba a que le apoyara con las estrofas del
“Satisfaction” de los Rolling que versioneaba,
mientras el técnico de backline tocaba la guitarra
para él. Necesitó bien poco para dar espectáculo
y meterse a la audiencia en el bolsillo.
Todavía con media sonrisa esbozada en nuestro rostro,
el escenario de la Caracol se quedó en penumbra, el
humo frío hizo acto de presencia mientras sonaban sonidos
del revés y un misterioso chelo. Aún entre las
sombras se desperezaban las primeras y contundentes notas
de “Spellbound”, hasta que la banda al completo
pisaba las tablas a la caza de asentar las primeras sensaciones
del show, que no eran otras sino la atracción fatal
hacia el poder visual que despliega la banda. Esa es la primera
consigna, y de alguna manera no poco sorprendente. Stream
Of Passion es un grupo de músicos super solventes,
supeditados por la impronta progresiva de su líder,
y sin embargo poseen una imagen tan fresca como la de cualquier
banda con necesidades de distraer la atención. Marcela
Bovio y Lori Linstruth son los principales objetos de observación,
harían las delicias de cualquier voyeur musical. La
primera es todo duende. Su voz es de rasgo operístico,
pero se detiene antes de resultar cargante, en beneficio de
su indudable capacidad sensitiva. Mientras Lori se mueve cual
tigresa al acecho, extrayendo de su guitarra solos y riffs
de instrumentista de vanguardia. Ellas son el centro de atención,
aunque la variedad la marcan el joven bajista Johan Van Stratum
de aspecto y técnica netamente nu-metaleros, y Arjen
Lucassen, punto de sobriedad desde sus dos metros de envergadura.
Después del primer impacto visual la música
se hacía protagonista. El signo de contundencia gótica
del único trabajo publicado por Stream Of Passion se
acrecentaba como suele ser habitual en estos casos, en su
puesta en escena. “Passion” sonaba fuerte aunque
estilizada, para hacerse todo más digerible en “Wherever
You Are” y su cercano estribillo interpretado con toda
sutileza por Marcela. Festival de estaccatos de guitarra,
de bajos aplastantes y pianos melancólicos de la mano
del joven mejicano Alejandro Millán. El grupo sonaba
impecable aunque no totalmente empastado, la imposibilidad
geográfica para ensayar se hace notar, aunque es suplida
a base de entusiasmo y calidad instrumental. Lucassen sacaba
a pasear los temas pertenecientes a Ayreon que él consideraba
más adaptables a su nuevo proyecto. Ahí estaban
“Computer Eyes”, “Valley Of The Queens”
o las más modernas “Vigil” y “Pain”,
todas ellas pasadas por el implacable filtro estético
y sonoro de Stream Of Passion. La sensualidad alcanzaba su
grado máximo con la interpretación susurrante
de las castellanizadas “Haunted” y “Nostalgia”.
La Bovio flotaba sobre el escenario y sus textos, ahora entendidos
por toda la audiencia parecían calar hasta lo profundo.
Se adivinaba ya que el concierto estaba llegando a su recta
final. Salía de nuevo a escena el “telonero”
Damian Wilson, ahora para compartir funciones vocales durante
el “Castlehall” de Ayreon. El cantante británico
certificaba su gran estado de forma ya acreditado en su primera
aparición, pero ahora subrayado con una actuación
más energética, la que demandaba la propia canción.
El contraste de su voz aguda y musculosa con el refinamiento
de la de Marcela funcionaba hasta desear que hubiesen compartido
escenario más veces a lo largo de la noche. “Into
The Black Hole” era el primer bis con repetición
del dueto vocal, para nuestro deleite. La anécdota
musical vendría de la mano de la versión del
“When The Leeve Breaks” de Led Zeppelin, interpretada
de forma irreconocible, sonando como una canción más
de la máquina Stream Of Passion. Una nueva representante
del magistral último disco de Ayreon, “Love”,
marcaría el punto y final del combo multinacional.
Hubo
despedida, de las calurosas, de las que el público
regala cuando sabe que es posible que hayan asistido a un
evento irrepetible. Hay quien prefirió decantarse por
el vecino show de After Forever, quizás sin saber que
la oportunidad de contemplar a Stream Of Passion no se vuelva
a dar.