Madrid, 11 febrero 2006 - 21:30
Sala CARACOL (Madrid)
 
     
   

 

     
     
   
     
Crónica de JESÚS LLAMAS    
Crónica de RAFA LLORENTE    
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  una crónica de JESÚS LLAMAS  
     
 
A pesar de no conocer más que un par de canciones decidí ir al concierto por dos tres razones: lo que había oído tenía buena pinta, participaba Arjen Lucassen (Ayreon), lo cual es una garantía de la solidez del proyecto y finalmente porque lo organizaban amiguetes y hay que apoyar este tipo de iniciativas. La sala estaba cerca del lleno objetivo, unas 250 personas, lejos del lleno subjetivo que es el que establece el aforo máximo 500 personas, no me quiero imaginar como estaría la sala con semejante cantidad de gente. Esto es una buena noticia porque la organización ha ganado dinero y la sala no estaba irrespirable.

El telonero era Damian Wilson, cantante con una trayectoria larga y poco conocida. Acompañado únicamente por una guitarra acústica desgranó varios temas de sus trabajos en solitario. Al comprobar que no conectaba con parte de la audiencia, que no quería a un cantautor sino a una banda completa, dio una lección de showman, haciendo al público intervenir en Satisfaction (sí, la de los Stones), bajándose del escenario para cantar entre el público. Un profesional.

Y a continuación, el plato fuerte: Stream of Passion. Lo primero que destaca, desde el principio es una puesta en escena impecable, entrando poco a poco los músicos en escena hasta culminar con la explosión causada por los dos guitarristas: Arjen y Lori Linstruth al entrar en escena con un poderoso riff combinado. El juego de luces fue muy efectivo a lo largo de toda la noche, algo meritorio si se tiene en cuenta tanto las características de la sala como la cantidad de focos que llevaban. La banda cumplió con creces en escena y mantuvo un sonido de gran calidad a lo largo de todo el espectáculo. El único pero que pondría es el bajo nivel de los teclados, cuando entraban las dos guitarras en escena simplemente no se oían. Eso sí, hay que tener en cuenta que cuando acometían los riffs más metaleros no tenían nada que envidiar a cualquier grupo metálico, difícil mantener los teclados audibles ante esas descargas de decibelios. Las prestaciones del grupo rayaron a gran altura: el trabajo de los guitarristas impecable, un bajista (Johan Van Strattum) de gran nivel y al que se le notan sus declaradas influencias del nu-metal. El batería no destacaba con alardes pero llevó el entramado rítmico de las canciones con gran solvencia. Para acabar, last but not least, la sección mexicana, las voces de las hermanas Bovio muy notables a lo largo de la noche y el teclista Alejandro Millán sobrio y efectivo, que no efectista. Quizá no sean mi grupo favorito, pero no me cabe duda que asistí a un gran concierto, entretenido y con el aliciente adicional de conocer a los músicos después del concierto. Hay que animar a los organizadores para que sigan en la brecha, hoy tienen en mi un oyente agradecido.

Siempre me queda una pregunta cuando asisto a un evento de este tipo. Si Evanescence está en los 40 y Nightwish llenan salas de mayor aforo, por qué S o P sólo consiguen convocar a 250 personas. A mi entender esta música tiene potencial para llegar al menos a 2000 personas, a poco que los medios le hiciesen caso.

 
     
     
     
 

Los Recuerdos del Unicornio
Febrero 06

 

 

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  una crónica de RAFA LLORENTE  
     
 

Era una noche de casualidades o de coincidencias. Porque coincidencia es que toquen dos bandas de corte gótico el mismo día en la misma ciudad. Porque casualidad es que ambas sean de ascendencia holandesa, comandadas por cantantes femeninas y además sean colegas de esos que colaboran los unos con los otros de vez en cuando. Así que había que decidirse entre la propuesta de los After Forever de Floor Jansen, o las esencias góticas rematadas con alfileres progresivos del nuevo producto de la factoría Arjen Lucassen (Ayreon), espoleados por la sensualidad mejicana de Marcela Bovio. Los que se inclinaron por la segunda opción sabían que aquello sería algo singular. El gran (por estatura física y musical) Lucassen no es de los que cambia las carreteras de media Europa subido en un autobús, por los placeres de su casa campestre en la pradera holandesa. Pero Arjen quería darle una satisfacción a sus fans por una vez. Quién sabe si habrá más. Se arrojó a los escenarios continentales para deleite de la parroquia de seguidores que ha cosechado con sus proyectos Ayreon, Star One, Ambeon y ahora Stream Of Passion, a cual más convincente.

Para abrir boca la anecdótica presencia en solitario de Damien Wilson (Ayreon, Threshold, Rick Wakeman…) abriendo los conciertos de toda la gira. Amigo de Lucassen, partícipe en numerosas obras de Ayreon, y como demostró aquella noche, todo un showman de los pies a la cabeza. Resulta complicado aparecer sobre un escenario armado con una exigua guitarra acústica y echarle tanto desparpajo, tanto encanto y sobre todo tanto sentido del humor. Damian podría hacerle sombra al mejor monologuista del club de la comedia. Impagable la media hora de canciones cercanas y vaciles continuos que terminaron con la carcajada generalizada del personal y con Wilson cantando entre el público, e invitando a todo el que pillaba a que le apoyara con las estrofas del “Satisfaction” de los Rolling que versioneaba, mientras el técnico de backline tocaba la guitarra para él. Necesitó bien poco para dar espectáculo y meterse a la audiencia en el bolsillo.

Todavía con media sonrisa esbozada en nuestro rostro, el escenario de la Caracol se quedó en penumbra, el humo frío hizo acto de presencia mientras sonaban sonidos del revés y un misterioso chelo. Aún entre las sombras se desperezaban las primeras y contundentes notas de “Spellbound”, hasta que la banda al completo pisaba las tablas a la caza de asentar las primeras sensaciones del show, que no eran otras sino la atracción fatal hacia el poder visual que despliega la banda. Esa es la primera consigna, y de alguna manera no poco sorprendente. Stream Of Passion es un grupo de músicos super solventes, supeditados por la impronta progresiva de su líder, y sin embargo poseen una imagen tan fresca como la de cualquier banda con necesidades de distraer la atención. Marcela Bovio y Lori Linstruth son los principales objetos de observación, harían las delicias de cualquier voyeur musical. La primera es todo duende. Su voz es de rasgo operístico, pero se detiene antes de resultar cargante, en beneficio de su indudable capacidad sensitiva. Mientras Lori se mueve cual tigresa al acecho, extrayendo de su guitarra solos y riffs de instrumentista de vanguardia. Ellas son el centro de atención, aunque la variedad la marcan el joven bajista Johan Van Stratum de aspecto y técnica netamente nu-metaleros, y Arjen Lucassen, punto de sobriedad desde sus dos metros de envergadura. Después del primer impacto visual la música se hacía protagonista. El signo de contundencia gótica del único trabajo publicado por Stream Of Passion se acrecentaba como suele ser habitual en estos casos, en su puesta en escena. “Passion” sonaba fuerte aunque estilizada, para hacerse todo más digerible en “Wherever You Are” y su cercano estribillo interpretado con toda sutileza por Marcela. Festival de estaccatos de guitarra, de bajos aplastantes y pianos melancólicos de la mano del joven mejicano Alejandro Millán. El grupo sonaba impecable aunque no totalmente empastado, la imposibilidad geográfica para ensayar se hace notar, aunque es suplida a base de entusiasmo y calidad instrumental. Lucassen sacaba a pasear los temas pertenecientes a Ayreon que él consideraba más adaptables a su nuevo proyecto. Ahí estaban “Computer Eyes”, “Valley Of The Queens” o las más modernas “Vigil” y “Pain”, todas ellas pasadas por el implacable filtro estético y sonoro de Stream Of Passion. La sensualidad alcanzaba su grado máximo con la interpretación susurrante de las castellanizadas “Haunted” y “Nostalgia”. La Bovio flotaba sobre el escenario y sus textos, ahora entendidos por toda la audiencia parecían calar hasta lo profundo. Se adivinaba ya que el concierto estaba llegando a su recta final. Salía de nuevo a escena el “telonero” Damian Wilson, ahora para compartir funciones vocales durante el “Castlehall” de Ayreon. El cantante británico certificaba su gran estado de forma ya acreditado en su primera aparición, pero ahora subrayado con una actuación más energética, la que demandaba la propia canción. El contraste de su voz aguda y musculosa con el refinamiento de la de Marcela funcionaba hasta desear que hubiesen compartido escenario más veces a lo largo de la noche. “Into The Black Hole” era el primer bis con repetición del dueto vocal, para nuestro deleite. La anécdota musical vendría de la mano de la versión del “When The Leeve Breaks” de Led Zeppelin, interpretada de forma irreconocible, sonando como una canción más de la máquina Stream Of Passion. Una nueva representante del magistral último disco de Ayreon, “Love”, marcaría el punto y final del combo multinacional.

Hubo despedida, de las calurosas, de las que el público regala cuando sabe que es posible que hayan asistido a un evento irrepetible. Hay quien prefirió decantarse por el vecino show de After Forever, quizás sin saber que la oportunidad de contemplar a Stream Of Passion no se vuelva a dar.

 
     
     
   
     
     
     
 

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